Una lectura muy recomendable sobre cómo funciona el mundo empresarial. Abengoa y su Auditoría: Algunas Preguntas (Abengoa and the Audited Accounts: Some Questions)
Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos sentimos en nuestras ideas. N. N. Taleb.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
martes, 29 de diciembre de 2015
Más es menos o menos es más.
Estos días apacibles, rodeado de cierto espíritu navideño, me
permiten dedicar algunas tardes a hojear lecturas que en otro momento me sería
muy difícil atender. Una de estas recientes lecturas trata sobre un tema que
aparece de manera habitual en diversos medios de comunicación, las pensiones de
jubilación, y de manera implícita cómo conciliar la vida familiar y el desempleo
juvenil, entre otras. Realmente lo que se plantea no es tanto cómo resolver un
problema sino el hecho de que tenemos una estructura demográfica que difiere de
la existente en décadas pasadas y que precisa llevar a cabo algunas actuaciones
para evitar problemas futuros. Partimos del hecho constatado de que vivimos más
tiempo y en mejores condiciones de salud, en términos agregados (como dicen los
economistas). ¿Qué se nos plantea de cara a un futuro no muy lejano? Aumentar
la edad de jubilación al tiempo que se reducirían las jornadas de trabajo
durante nuestra vida laboral.
De entrada podría parecer una buena idea. Vale, dejémoslo
simplemente en una idea. No muy recomendable en algunos trabajos que requieren
una alta dosis de esfuerzo físico, pero probablemente en otros de mayor carga
intelectual (digamos mental) se podría aumentar la vida laboral, por ejemplo,
hasta los 70 años. Aquí tenemos una primera cuestión a resolver. ¿De manera
opcional u obligatoria?
Si se paran a observar la realidad del mercado laboral podrán
comprobar que la segunda alternativa no difiere mucho de lo que sucede en la
actualidad. Contratos precarios, de semanas, días, incluso horas, implica tener
que trabajar hasta edades avanzadas, muy avanzadas, para tener derecho a una
prestación por jubilación. Da la impresión de que la solución al problema ya
está en marcha (los jóvenes trabajarán menos horas, tendrán más tiempo y todo
ello a cambio de una jubilación que nunca llegará), y sin que nadie les haya
preguntado.
Pero volviendo al tema (la reducción de la jornada laboral),
y suponiendo que fuese una opción (una
utopía), se me plantea otra cuestión que no he podido ver resuelta en estas
lecturas (no digo que no exista). ¿Reducimos horas de jornada y mantenemos el
mismo salario?, o ¿reducimos horas y salario?
De darse el primer supuesto nos encontraríamos con unos
costes laborales que sufrirían un incremento muy importante (mismo salario por
menos horas), lo que reduciría la competitividad de nuestros bienes y
servicios, salvo que se llevase a cabo un incremento de la productividad que
compense la reducción de jornada (producir lo mismo trabajando menos). Algo que
parece improbable, máxime si tenemos en cuenta que somos incapaces de aumentar
actualmente nuestra productividad (producir más con los mismos recursos). Recuerden
que la productividad también se mejora con inversiones en tecnología,
maquinaria,… y no solo reduciendo plantillas, a pesar de que muchos solo vean
esta solución.
Vistas sus pocas posibilidades de desarrollo pasamos al
segundo supuesto. Reducimos horas y salario. ¿Qué conseguimos? De entrada tendríamos
más horas para atender a nuestros hijos, es cierto, pero también menos ingresos para satisfacer
tanto sus necesidades como las nuestras, y quizás (con muchas dudas) se
lograría disminuir algo el desempleo juvenil al tener que cubrir las horas
necesarias para continuar produciendo al menos el mismo número de bienes y
servicios.
Salvo que el espíritu de la navidad me distraiga en mis
razonamientos esta opción de menos trabajo y menos salario me lleva al
resultado de que seríamos más pobres aunque con más tiempo libre, y que
tendríamos que trabajar hasta edades en las que lo único que aflora son los
recuerdos. Al final menos, menos, (trabajo, salario) es más, más, más (pobres,
ociosos, viejos).
Como diría el maestro Jedi: en esta propuesta algo falta.
martes, 22 de diciembre de 2015
El día después.
Qué malas son las hemerotecas y cuánto daño han causado.
El IBEX 35 se derrumba ante una España ingobernable. “La
incertidumbre política pasó factura al Ibex…”; “… por el escenario de
fragmentación política”; “las dudas por la ingobernabilidad…”, etcétera,
etcétera.
No vamos a discutir el hecho de que el IBEX 35 ha caído con fuerza
en el día de ayer, un 3,62%. Tampoco que los resultados de las elecciones del
domingo dejan un parlamento muy cromático y con muchas dudas acerca de quién
será el próximo Presidente del gobierno. ¿Pero es ésta la causa principal de la
caída de nuestra principal bolsa? “Algunos expertos aseguran que…” ¿Qué
expertos? En estas situaciones nunca aparecen identificados, y cuando aparecen,
los medios se encargar de “seleccionar” la frase que interesa para hacerla
llegar a su audiencia. Poco o nada se dice sobre la caída del resto de bolsas
europeas, aunque en menor medida (entre el 1 y el 1,5%). Ya lo decía N.N.
Taleb: “los periodistas son productores
industriales de distorsión”.
Volvamos la vista atrás.
18 de noviembre de 2011, viernes. El Ibex35 cierra en 8.310,10
puntos. Día 20 de noviembre de 2011. Elecciones generales. El Partido Popular
gana los comicios con mayoría absoluta. Lunes 21 de noviembre de 2011, el Ibex35
cae un 1,31% ¿incertidumbre? Jueves 24 de noviembre de 2011. El Ibex 35 pierde
en lo que llevamos de semana un 6,20%, y desde el viernes 18, un 7,07%.
¿Incertidumbre? En este caso no existe fragmentación, ni dudas sobre la
ingobernabilidad, ni incertidumbre política.
Los mercados son sabios, y algunos lo aprovechan. Por cierto, hoy
amanecen en positivo.
Para finalizar una curiosidad sobre la actualidad política. En
2011 el PSOE perdió las elecciones con un 28,76% de los votos, prácticamente
los mismos con los que el Partido Popular acaba de ganar en 2015 (28,72%). ¡Qué
fríos son los números! Lo que ayer era causa de decepción para unos hoy es
motivo de alegría (contenida) para otros. El mismo porcentaje de votos que
llevó a la decepción al PSOE en 2011 hoy es motivo de complacencia para las huestes
del PP. Es más, un 22% de votos (PSOE) en 2015 es suficiente para sentir cierto
alivio. Realizar un anclaje en una cifra te ayuda a crear tu propia historia,
ya sea de euforia, satisfacción o decepción. Supongo que el partido socialista tendría
unas expectativas muy bajas cuando respira aliviado con un 22% de votos.
Pero si hablamos de números absolutos la situación es preocupante
para ambos. El Partido Popular ha perdido 3.650.000 votos y el PSOE 1.472.000
votos respecto al año 2011. Estos últimos desde el 2008 han perdido 5.758.000
votos. La tendencia no es muy positiva.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
viernes, 11 de diciembre de 2015
Es poco serio.
“Cuidado con los aprendices”,
clama el oficial Montoro.
El eslogan para la precampaña del
Partido Popular es “España en serio”, pero circula por las redes sociales el
chascarrillo de que sería más apropiado el de: “España, ¿en serio?”. A la vista
de lo que vemos a diario no parece que vaya muy desencaminado.
En febrero de 2014, y tras una
gran expectación, se presentó el informe que se había encargado a una Comisión
de Expertos para la reforma del sistema tributario español. Informe que, todo
hay que decirlo, tras una amplia repercusión en los medios, acompañada por acaloradas
discusiones, pasó sin pena ni gloria. También suponemos que, a la vista de su
utilidad, sin cargo para el erario público.
Tras enterrar la tan esperada
reforma fiscal, el 27 de noviembre de 2014 las Cortes Generales aprobaron tres
leyes, la 26/2014, por la que se modifica la Ley de IRPF (ojo, sólo se
modifica), la 27/2014 del Impuesto sobre Sociedades (ésta es nueva en su
totalidad) y la 28/2014 de modificación de la Ley del IVA (pequeños parches).
Leyes que entrarían en vigor a partir del 1 de enero de 2015, excepto algunos
artículos que se posponen al 2016, principalmente la rebaja de tipos en el
IRPF. Otros a 2017.
A mediados de 2015 se nos anuncia
que se adelanta la rebaja del IRPF al 1 de julio de 2015 y se aprueba, el 10 de
julio, el Real Decreto-ley de medidas urgentes para reducir la carga tributaria
soportada por el contribuyente. España va bien.
En el mes de octubre de 2015
entra en vigor la nueva Ley General Tributaria, ley que según la opinión
mayoritaria es el mayor atentado a los derechos de los contribuyentes. Pasó sin
pena ni gloria por los medios de comunicación. Ya se las verán los asesores
fiscales con sus clientes.
Y ahora, en diciembre y a pocos
días de unas elecciones generales se nos anuncian nuevas rebajas fiscales para
ciertos colectivos (jubilados que continúen con su vida laboral –deben existir
muchos- y jóvenes que encuentren su primer trabajo; eso sí, aclara el Sr.
Montoro que siempre que no ganen mucho, los que tengan la suerte de firmar un
gran contrato pagarán. Menos mal. ¡Cómo si los jóvenes con sueldos de miseria pagasen impuestos por IRPF!
Y todo ello sin olvidarnos de las
amnistías fiscales, las sanciones por los bienes en el extranjero, etc., etc. ¡Cuidado
con los aprendices!
Es poco serio.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Del black friday al happy hour o de las rebajas fiscales a un mundo feliz.
De las rebajas fiscales del 2015 a las promesas electorales de
nuevas reducciones de impuestos (directos) en la próxima legislatura (de ganar
el partido del gobierno). La famosa curva de Laffer planea de nuevo: bajar
impuestos aumenta los ingresos del Estado.
Pero, ¿cuál es el origen de este razonamiento? En 1963 Kennedy y
Johnson habían ganado las elecciones en EEUU y en 1964, tras el asesinato de
Kennedy, se tomó la decisión de reducir considerablemente los impuestos. En
1965 el Estado vio aumentar los ingresos por la recaudación fiscal lo que llevó
a algunas personas influyentes a ver una relación de causalidad, una falacia
“post hoc”: primero se produce un acontecimiento y a continuación otro, el
primero se convierte en causa del segundo. ¿Y el resto de las variables? Para
los defensores de este tipo de falacias no existen más variables que puedan
influir en el resultado final. Por ejemplo, el crecimiento económico que EEUU
vivió en el periodo 1964-1965. Estudios posteriores concluyeron que de no haber
bajado los impuestos la recaudación habría sido mucho mayor. Es lo que tiene
dejar por el camino información relevante.
Llegados a este punto, ¿es buena idea bajar los impuestos
directos?, ¿y los impuestos indirectos (IVA)?
La literatura económica nos dice que los impuestos directos son
progresivos; a partir de un determinado nivel de ingreso, cada euro que se gana
tributa a un tipo impositivo mayor, al tipo marginal. Por el contrario, los
impuestos indirectos son regresivos; los impuestos sobre el consumo, como el
IVA, son generalmente regresivos ya que restan mayor proporción del ingreso de
una familia pobre que el de una familia de altos ingresos. Pagamos el mismo
impuesto independientemente de cuales sean nuestros ingresos. Algo tan evidente
es obviado (que no ignorado) por un amplio porcentaje de la población.
Para terminar, sería útil que nuestros políticos en lugar de jugar
con los tipos impositivos se planteasen realmente un debate del sistema
impositivo de cara a una verdadera redistribución de los ingresos que recauda
el Estado. Debate que, sinceramente, creo estéril puesto que parte del espectro
político sigue, por un lado, creyendo en teorías económicas desacreditadas y, por
otro, no creen en la desigualdad a pesar de lo llamativo de los datos. Estudios
realizados en países con ingresos altos (la mayoría de los países llamados
desarrollados) han concluido que el sistema impositivo casi no tiene efecto en
la redistribución. ¿Sorprendidos? El motivo principal es que los impuestos
progresivos al ingreso (IRPF, Sociedades,…) son contrarrestados por lo general
por los impuestos regresivos. Para que nos entendamos: lo que se quita a los
que más ganan y se distribuye entre los que menos tienen es gravado nuevamente
con impuestos regresivos como el IVA, al final lo que te doy te lo quito.
Suena bien eso de bajar el impuesto sobre la renta y sobre
sociedades, ¿verdad?
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Libro.
Un libro recomendado: Economía para el 99 por ciento de la población. Ha-Joon Chang.
De interés:
De interés:
ESCUELAS
(principales):
- Austriaca
- Conductista.
- Clásica.
- Desarrollista.
- Institucionalista.
- Keynesiana.
- Marxista.
- Neoclásica.
- Schumpeteriana.
-
Si desean conocer opiniones
divergentes sobre la vitalidad y la viabilidad del capitalismo: Clásica,
Marxista, Schumpeteriana e Institucionalista.
-
Una buena manera de defender el
libre mercado: Clásica, Austriaca, Neoclásica.
-
Diferentes maneras de
conceptualizar lo individual: Neoclásica, Austriaca y Conductista.
-
Por qué a veces es necesaria la
intervención estatal: Neoclásica, Desarrollista y Keynesiana.
-
Teorías sobre grupos
(especialmente clases): Clásica, Marxista, Keynesiana e Institucionalista.
-
La economía es mucho más que los
mercados: Marxista, Institucionalista, Conductista.
-
Comprender sistemas económicos en
su conjunto: Marxista, Desarrollista, Keynesiana e Institucionalista.
-
Comprender el desarrollo de las
tecnologías y el aumento de la productividad: Clásica, Marxista, Desarrollista
y Schumpeteriana.
-
Interacciones de los individuos y
la sociedad: Austriaca, Neoclásica, Institucionalista, Conductista.
-
Por qué existen las corporaciones
y cómo funcionan: Schumpeterina, Institucionalista y Conductista.
-
Desempleo y recesión: Clásica y
Keynesiana.
ADVERTENCIA
sanitaria: la ingesta de un solo ingrediente puede causar visión de túnel,
arrogancia y, muy probablemente, muerte cerebral.
martes, 1 de diciembre de 2015
Un expolio.
“La ley, de todas
maneras, es más blanda para ellos que para nosotros, y ellos la necesitan más
que nosotros. Por eso cuando la ley les golpea en la frente, fruncen el ceño,
pero no demasiado. El palo de uno mismo pega con más suavidad…”.
El párrafo anterior pertenece al libro “la madre”, de Máximo
Gorki, y la juzgo muy oportuna para prologar la entrada de hoy. ¿Es justa la
ley? ¿Están todas las partes al mismo nivel cuando se trata de aplicar las
leyes o esta balanza se inclina siempre hacia uno de los lados?
¿Se han parado a preguntar cuántas veces han decidido por
nosotros o han marcado nuestros destinos amparándose en unos textos legales llenos
de definiciones y conceptos que a la larga se tornan erróneos? Les llaman
lagunas. Me explico. Desde hace mucho tiempo somos conscientes de que el
lenguaje que utilizamos no es suficiente para explicar la realidad de los
hechos, ni siquiera para dar una imagen que se ajuste a lo que percibimos por
los sentidos, o una descripción de ciertos conceptos ¿cómo definimos el color
rojo, por ejemplo? Filósofos, científicos, intelectuales de diferentes campos,
llevan años, incluso siglos, reconociendo las carencias del lenguaje. Pues
bien, siendo conscientes de esta carencia, utilizamos el lenguaje para marcar y
dirigir los destinos de nuestros congéneres. Después ya vendrán las
interpretaciones (ésa es otra) y aclaraciones; véase sino la cantidad de
resoluciones, unificación de criterios, etc., que pueblan nuestros tribunales.
Vamos al tema. He podido presenciar la siguiente historia,
kafkiana si me lo permiten.
Un empresario (omito datos para preservar el derecho a la intimidad)
procedió a la venta de una maquinaria a una empresa extranjera. El monto de la
operación se aproximaba a los 40.000€ (los importes están redondeados para
facilitar la lectura). El empresario emitió la correspondiente factura de venta
y la empresa extranjera envió a un representante para recoger la maquinaria. Hasta
aquí todo normal en una operación mercantil. Llega el día de la recogida y el
representante aparece con el dinero en efectivo (cruzó Europa de un extremo a
otro con un maletín bajo el brazo. Debe ser lo que llaman “libertad de
movimiento de capitales”, algo a lo que últimamente estamos habituados). ¿Qué
hacer? La respuesta se torna sencilla, cobrar y entregar la mercancía; damos
por finalizada la transacción. Fácil, ¿verdad?
El 30 de octubre de 2012 se publicó la Ley 7/2012 que
contiene un artículo 7 con este literal: “No
podrán pagarse en efectivo las operaciones, en las que alguna de las partes
intervinientes actúe en calidad de empresario o profesional, con un importe
igual o superior a 2.500€ o su contravalor en moneda extranjera”. Houston,
tenemos un problema. La historia se complica. ¿Qué hacer? ¿Le decimos al
representante de la empresa extranjera que se dé la vuelta sin la máquina, que
nos haga una transferencia y vuelva a buscarla?, ¿le entregamos la máquina y
cuando llegue a su país que nos haga una transferencia?, ¿anulamos la operación?
Aquí debo introducir un matiz; esta operación se realizó a
los pocos meses de la publicación de la ley, por lo que gran parte de los
empresarios eran desconocedores de este requisito (aunque el desconocimiento no
exime del cumplimiento), y tampoco existían resoluciones e interpretaciones
debido al poco recorrido de la ley. Nuestro empresario sí era conocedor de la
legislación vigente. Así que ante esta disyuntiva se dirigen ambas partes a la
entidad bancaria del empresario para hablar con el director de la sucursal y
poder tomar una decisión. Una vez en el despacho llaman a su asesor fiscal y
éste les da una “solución”.
Artículo 7.5 de la ley 7/2012: “esta limitación no resultará aplicable a los pagos e ingresos
realizados en entidades de crédito”. Voilà,
tenemos la “solución”. Además, la Agencia Tributaria había publicado una
aclaración en su página Web: “si el
cliente efectúa el ingreso superior a 2.500€ directamente en la cuenta bancaria
que le indica la empresa, identificando la operación o número de factura a que
se refiere el pago y la persona que realiza la imposición en efectivo, no se
incumple las limitaciones a los pagos en efectivo”. Sin más tiempo que
perder, el representante hace entrega del dinero y éste es ingresado en la cuenta
corriente del empresario español. Por confianza, o relajamiento, como
consecuencia de haber encontrado una pronta solución que satisface a todas las
partes (incluso al director de la sucursal; más cash), el empresario español
firma el documento de ingreso. Fin de la operación. Llegado su momento se
declarará la operación al fisco y se pagarán los impuestos devengados. A otra
cosa mariposa.
Después de varios meses el empresario español recibe la visita
de un agente de la Administración Tributaria que le hace entrega de una
notificación: ¡una sanción por haber realizado una operación en la que se ha
pagado en efectivo por importe superior a 2.500€! Imagínense la cara del empresario. ¡10.000€ de
sanción!
Comienza el toma y daca con la Administración. Presenta
alegaciones, justificantes, certificados, declaraciones del director de la
sucursal, jurando y perjurando que el ingreso se efectuó en la entidad
financiera, identificando la operación, número de factura, persona que realiza
el ingreso, … Nada de lo aportado es admitido por la Administración. “Se ha
efectuado un pago en efectivo superior a 2.500€”, concluyen. ¿En qué se basa la
Agencia Tributaria para desestimar todo lo alegado por el empresario? Simplemente
en una palabra: “directamente”, recogida en la nota publicada en su página Web
(“si el cliente efectúa el ingreso …
directamente en la cuenta…). La firma que aparecía en el documento de
ingreso era la del empresario español, lo que invalidaba, o vulneraba la ley,
según la Administración. Un simple defecto de forma se convierte en un ilícito
con su correspondiente sanción, sanción que puede arruinar la viabilidad de una
empresa y abocarla a su posterior cierre. No existe fraude, ni ocultación, ni
intención, ni reincidencia, ni perjuicios al fisco, sólo un defecto de forma,
la firma de la persona equivocada. ¡NO se ha ingresado DIRECTAMENTE! El dinero
ha pasado por las manos del empresario español, lo ha tocado, y no contento con
ello ha mordido la manzana (firmó el documento de ingreso). El pecado ya ha
sido cometido, no cabe arrepentimiento alguno y, por lo tanto, merece un justo
(y gravoso) castigo por su osadía.
¿Qué camino queda? Los tribunales; buscar un abogado,
procurador,… y a pleitear contra la Administración. 10.000€ más los costes del
juicio. Hagan números. Lo que gana actualmente un trabajador al año o más de lo
que cobran la mayoría de los pensionistas.
¿Qué dice el empresario al respecto? Pues que si no hubiese
ingresado el dinero en la entidad financiera y se lo hubiese guardado en su
bolsillo se habría ahorrado 10.000€. Eso por no hablar de otras ideas que se le
pasaban por la cabeza para ahorrarse impuestos. Su intento de hacer las cosas
dentro de la ley y el riesgo de perder una operación mercantil le han supuesto,
de momento, la friolera de 10.000€.
¿Cree la Administración que así favorece sus intereses y los
de sus administrados? Después nos quejaremos de la economía sumergida con sus
nefastas consecuencias para el sostenimiento del estado de bienestar.
En fin, que esto debe ser lo que algunos llaman seguridad
jurídica o quizás otros más acertadamente, un expolio.
sábado, 28 de noviembre de 2015
¿Existe la suerte?
Fragmento
del libro de Nassim Nicholas Taleb, ¿Existe
la Suerte?
Kahneman y Tversky empezaron a
buscar reglas en los humanos que no les hicieran racionales (heurísticas). Las
denominaron heurísticas rápidas y sucias.
Desde los resultados de Kahneman
y Tversky, ha florecido toda una disciplina denominada economía y finanzas
conductistas; en abierta contradicción con la economía neoclásica ortodoxa que
se enseña en los departamentos de economía y administración de empresas con los
nombres normativos de mercados eficientes, expectativas racionales, ...
Una ciencia normativa ofrece
enseñanzas prescriptivas; estudia cómo deberían ser las cosas. Algunos
economistas, los que profesan la religión de los mercados eficientes, creen que
nuestros estudios deberían basarse en la hipótesis de que los humanos son
racionales y actúan racionalmente porque es lo mejor para ellos (es
matemáticamente "óptimo"). Lo contrario es una ciencia positiva, que
se basa en la observación de cómo se comporta, de hecho, la gente.
La economía, sobre todo la
microeconomía y la economía financiera, es una ciencia predominantemente
normativa. La economía normativa es como la religión sin la estética.
N. N. Taleb es matemático empírico y
analista del comportamiento económico de los seres humanos, ensayista y
financiero.
Daniel Kahneman es psicólogo y
premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 2002.
Amos Tversky era psicólogo
cognitivo, psicólogo matemático y colaborador de Kahneman.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Nos sobra tiempo (improductivo).
Una tarde, fría y tranquila, releyendo unas páginas de un
manual de economía de empresa se me ocurrió hacer unos sencillos cálculos
basándome en la relación existente entre el número de habitantes, población
activa y población ocupada en España para calcular el número de horas
improductivas a la semana, es decir, el número de horas laborables en las que
no se produce nada, horas que se pierden desde un punto de vista económico.
Para evitar complicaciones decidí utilizar una jornada
laboral de 40 horas semanales, obviando contratos parciales, horas extra, …
El resto de datos obtenidos del INE son los siguientes:
Población media en 2014: 46.476.032 habitantes.
Población activa media en 2014: 22.954.600 habitantes.
Población ocupada media en 2014: 17.344.200 habitantes.
Realizando unas sencillas operaciones, población x (población
ocupada/población) x 40 h/s, y población x (población activa/población) x 40
h/s, obtenemos los siguientes resultados:
Horas/semana/trabajadas: 693.608.302.
Horas/semana/totales: 918.180.488.
La diferencia entre ambas es de 224.572.186.
Es decir, cerca de 225 millones de horas a la semana se
pierden en nuestro país sin que se produzca nada, consecuencia del desempleo.
¡11.700 millones de horas al año perdidas! Por supuesto, me refiero a las horas
legales.
¡Cómo de diferente sería España si este tiempo fuese capaz
de producir bienes y servicios de manera eficiente! PIB, Renta per cápita,
Estado de bienestar, educación, sanidad, dependencia,…
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Que me queda del 2014.
Tal día como hoy e influenciado por los
acontecimientos más recientes, la memoria no da para más, la sensación que me
deja este año que finaliza es la de que ha sido el año de la alfombra, el año
en el que hemos decidido sacar al exterior esas enormes alfombras llenas de
polvo y suciedad para sacudirles con toda nuestra rabia. Suciedad que ha ido
acumulándose durante un largo tiempo ante nuestras miradas impasibles hasta que
alguien ha decido que era la hora.
Para conocer lo que aguantará el palo, así
como la paciencia y el tesón del sacudidor ante el enorme reto que se le presenta
tendremos que esperar. Continuará saliendo mucha corrupción de las alfombras,
sobre todo la que se encuentra debajo; la que ya está incrustada, ésa será
más difícil de eliminar. Se presume que la única solución será cambiarlas por
otras nuevas.
¿Y qué hacemos con tanta mugre? Cierto
pesimismo me embarga al respecto. “La
ley, de todas maneras, es más blanda para ellos que para nosotros, y ellos la
necesitan más que nosotros. Por eso cuando la ley les golpea en la frente,
fruncen el ceño, pero no demasiado. El palo de uno mismo pega con más suavidad…”
M. Gorki (La madre).
Mis mejores deseos para este 2015.
Y recuerden, como dijo Primo Levi, “que algo inaudito haya sucedido es en sí
mismo la prueba de que puede volver a suceder”. Y Antonio Muñoz Molina: “Hay que tener cuidado con aceptar
distraídamente la normalidad porque puede que se descubra retrospectivamente
que era una normalidad monstruosa”.
martes, 30 de diciembre de 2014
Un fragmento. "El Capital en el siglo XXI"
Con una inflación promedio de casi 17% anual entre
1913 y 1950…, Alemania era el país por excelencia que diluyó su deuda pública
en la inflación del siglo XX. A pesar de tener fuertes déficits durante cada
una de las dos guerras mundiales (el endeudamiento público rebasaba ligeramente
el 100% del PIB en 1918-1920, y el 150% del PIB en 1943-1944) la inflación
permitiría regresar rápidamente la deuda a niveles muy bajos: apenas 20% del
PIB, tanto en 1930 como en 1950.
[…] hoy en día nos encontramos en la siguiente
situación paradójica: el país que utilizó de manera más masiva la inflación
para hacer desaparecer sus deudas en el siglo XX no quiere oír hablar de un
alza de precios superior al 2% anual, y el país que siempre devolvió sus deudas
públicas –el Reino Unido- tiene una actitud más flexible y no ve ningún daño en
que su Banco Central adquiera buena parte de su deuda pública y deje aumentar
ligeramente la inflación.
T. Piketty.
Economista francés.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Amin Maalouf.
"¿Cómo resolver una crisis financiera de mucha envergadura sin habérselas con la crisis de confianza que lleva aparejada, con las conductas que la causaron, con la distorsión de la escala de valores, con la pérdida de credibilidad moral de los dirigentes, de los Estados, de las compañías, de las instituciones y de quienes supone que velan por ellas?
... nunca hubo época como esta nuestra, en la que a los responsables de las economías nacionales los dejen irremisiblemente atrás las arquitecturas acrobáticas de los ases de las finanzas y en la que los operadores que manejan miles de millones no saben nada de economía política y no les importan en absoluto las repercusiones que puedan tener sus actos ni en las empresas, ni en los trabajadores, ni en sus propios familiares y amigos, por no referirnos ya a las que puedan tener en el bienestar colectivo.
Quien devuelve al pueblo la dignidad puede conseguir que el pueblo acepte muchas cosas. [...] lo escucharán, lo defenderán y lo obedecerán".
El desajuste del mundo.
Felices fiestas!!!
martes, 16 de diciembre de 2014
¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública?
El tiempo transcurre sin pausa y los límites
se cruzan sin rubor. Lo primero es inevitable, lo segundo entra dentro de lo
esperado. Quién no ha visto caer un record tras otro durante su vida.
La Deuda Pública española continúa su escalada sin freno y parece no
encontrar techo, y ello a pesar de los mensajes cargados de optimismo (la
crisis es historia). Pero sin una mejora sustancial de las condiciones
económicas, tanto en nuestro país como en nuestros socios comerciales, las
cuentas públicas no volverán a la senda de los superávits presupuestarios
necesarios para la reducción de la deuda pública. Conseguir esto se plantea
harto difícil; o bien reducir gasto público (más recortes) o bien aumentar
ingresos públicos recaudando más y mejor (quizás con aumentos de los tipos
impositivos a los que poseen mayor riqueza y renta), o una combinación de ambos
(más ingresos y más recortes).
Pero,
¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública? Un
mínimo de ética aderezada con un poco de vergüenza es suficiente para que no lo
proclamen a los cuatro vientos. Sin embargo, no cabe duda de que el sistema es
muy favorable para sus intereses. Además, al ser los grandes poseedores del
capital y controlar los cauces de comunicación pretenden hacernos ver que su
preocupación es real, que la deuda pública es un lastre para nuestra economía y
para las generaciones posteriores. No es nuevo. La respuesta a esta cuestión la
podemos obtener del reciente libro “El capital en el siglo XXI” del economista
francés T. Piketty.
Plantéense
el siguiente escenario: Por un lado, usted se encuentra entre los afortunados
que poseen un importante patrimonio junto con unas rentas generosas y buscan obtener
una rentabilidad, al menos que sea superior a la inflación (todo sea por no
perder riqueza). Además, usted es un ciudadano “patriota” que desea ayudar a su
país a salir de la actual situación, y tampoco nos olvidamos de su carácter “solidario”
con los más débiles. En definitiva, es usted un patriota solidario que además busca
rentabilidad para su patrimonio. Por otro lado, y relacionado con su entorno, nos
encontramos con que los tipos de interés se encuentran en mínimos (pregunten a
su banco cuál es el tipo al que le remunerarían un pequeño depósito o una
cuenta de ahorro); la renta variable (acciones) muestra alta volatilidad e
incertidumbre (sólo apta para valientes o acaudalados); existe una baja o nula inflación,
y los países continúan con problemas presupuestarios derivados de la prolongada
crisis que derivan en sucesivos déficits públicos que deben cubrir.
Pues bien, con este escenario el gobierno le puede plantear tres opciones
para mantener la situación controlada:
a)
Reducir (recortar) gastos para equilibrar sus
cuentas y evitar que la deuda pública continúe aumentando (la conocida
austeridad o, eufemísticamente, consolidación fiscal).
b)
Aumentar impuestos para obtener una mayor
recaudación, principalmente a aquellos que tienen mayor renta y riqueza.
c)
Emitir deuda pública a cambio del pago de los
correspondientes intereses.
¿Qué estrategia le recomendaría a su gobierno? (otro eufemismo, recomendar;
al fin y al cabo si usted forma parte de la élite más que recomendar tiene
capacidad para imponer):
¿Recortar gastos? Sería una opción. Sus hijos van a escuelas privadas y su
salud está protegida por un buen seguro médico. Con toda probabilidad a usted
no le afectaría en gran medida ya que no acostumbra a acudir al centro de salud
de su barrio (es más, puede que en su barrio no sea necesario un centro de
salud).
¿Aumentar impuestos? Posiblemente no. A pesar de su “solidaridad” con los
más débiles supondría dar al Estado parte de su riqueza y renta sin ninguna
contraprestación directa. No, aumentar los impuestos a los ricos no entraría
dentro de sus recomendaciones. De ser así habría que plantearse movilizar los
capitales hacia otras latitudes (para eso se ha “inventado” la libre
circulación de capitales).
¿Más deuda pública? Éste parece un buen plan. Parte de nuestros ingresos se
los cederíamos al Estado (patriotas) a cambio de los correspondientes intereses
(mejor con primas de riesgo altas) y con la seguridad de que al final, al
vencimiento, recuperaríamos el capital invertido. Además, si esta estrategia va
acompañada de bajadas de impuestos, o directamente su eliminación (Sucesiones,
Patrimonio), tenemos garantizada la supervivencia de nuestra especie (los ricos).
Para qué pagar impuestos al Estado si éste puede obtener igualmente los
recursos a cambio del pago de unos intereses. Interesante, mucho más
interesante, sin duda.
Pero,
en fin, solo es un escenario y unas posibles soluciones fruto de un ejercicio
de imaginación.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Para la posteridad.
Siendo conscientes de que la memoria es frágil y de que pasado un
tiempo aparecerán algunos deshonestos que intentarán aprovecharse de nuestras
carencias, vamos a dejar constancia de unos datos que pueden marcar un punto de
inflexión.
La Deuda Pública española ha superado a junio de 2014 el billón de
euros (1.012.643 millones). Nuevos criterios contables aplicados a las
mediciones efectuadas desde 1995 han supuesto un incremento de la deuda pública
del 2%.
Deuda pública con nuevos criterios en relación al PIB: 98,9%.
Deuda pública sin ajustes contables en relación al PIB: 98,3%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2014: 99,5%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2015:
>100,00%.
Ahora bien, el próximo 25 de septiembre de 2014 el Instituto
Nacional de Estadística (INE) procederá a incorporar en el cómputo del PIB la
prostitución y el tráfico de drogas, entre otros cambios, lo que traerá un
aumento del PIB de aproximadamente el 4,5%. Este hecho supondrá un descenso de
la ratio “Deuda Pública/PIB” hasta el 95%, y aquí algún aprovechado intentará
vendernos esta bajada como un éxito.
Anoten también que a partir de esta semana el BCE (Banco Central
Europeo) pondrá en marcha los primeros estímulos monetarios, con una nueva
barra de liquidez que se complementará con compras de activos privados a partir
de octubre. Se espera que dichos estímulos se acompañen de reformas en París y
Roma, de la llamada flexibilidad fiscal y de un plan de inversiones que en su
día prometió el nuevo presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker
(300.000 millones de euros). Este plan de inversiones se deja en manos del
Banco Europeo de Inversiones (BEI).
Resumiendo:
Veremos a algún aprovechado vendiéndonos la bajada del porcentaje
de deuda pública y a otros, de llevarse a cabo el cambio de rumbo de la
política económica europea, vendernos los resultados de las “políticas locales”.
Se aproximan elecciones.
Que conste.
Etiquetas:
BCE,
Comisión Europea,
Deuda Pública
sábado, 7 de junio de 2014
Podemos.
¿Utópico? ¿Populista? Podemos.
Como hoy tengo un poco de tiempo
voy aprovechar para dejar mi impresión sobre la nueva organización o movimiento
que acaba de irrumpir con fuerza en el panorama político; principalmente porque
me han pedido mi humilde opinión. ¿Son creíbles sus propuestas?
Lo que no debemos obviar en
primer lugar es el soporte que sustenta a este movimiento. Los primeros
espadas, la cara visible, son personas lo suficientemente preparadas en
diferentes disciplinas académicas y, aunque no me he tomado el tiempo
suficiente para conocerlos, el resto que les acompañan parece ser que también
disponen de amplia formación, es decir, en principio no deberían ser simples
voceros de medidas populistas carentes de todo análisis previo. Siendo así
deberíamos suponer que su programa ha sido analizado, debatido y ponderadas las
posibles consecuencias que se derivarían de su aplicación en diferentes
escenarios.
Pero, a mi entender, lo
interesante de Podemos no es lo que plantea, no son sus medidas, sino que lo
atractivo es la posibilidad de que sea el germen de un nuevo sistema, de un
nuevo contrato social. En más de una ocasión se ha debatido sobre la existencia
de alternativas al sistema capitalista que se ha apoderado de todas las
instituciones, económicas, políticas, sociales, culturales,… Aquellas
propuestas o medidas que pretendían efectuar cambios sobre este sistema eran
rápidamente eliminadas, cuando no fagocitadas.
Podemos propone un cambio
radical, un giro de 180º, no solo cambios puntuales en el sistema. Un nuevo
sistema, con nuevas reglas, con nuevos jugadores, que admite en su seno a toda
clase de ciudadanos (integra), que crea instituciones inclusivas que benefician
a la comunidad en su totalidad, que apuesta por la meritocracia en lugar de la partitocracia.
Ahí reside lo atractivo del movimiento.
Podemos no va a cambiar por sí
solo el funcionamiento del conjunto de las instituciones pero sí va a presentar
su tarjeta de visita y, lo más importante, una nueva forma de hacer las cosas.
Tope salarial y salario mínimo digno, pensiones dignas y jubilación a los 60
años. ¿Utópico? Sí si nos movemos en el escenario actual. Sin embargo no es
esto lo que plantean. Una ruptura de las instituciones, un modelo diferente, en definitiva, una nueva estructura de relaciones sociales
abriría el camino para alcanzar la utopía, al menos para soñar. Y en esto creen
muchos de los votantes que han depositado su confianza en Podemos durante las
últimas elecciones.
¿Es necesario un cambio? ¿No
existe otro sistema? Podemos cree que sí ¿Y el resto?
Un solo Podemos no puede cambiar
el sistema actual, no dispone de la fuerza suficiente para implantar un giro en
las políticas ni para cambiar las instituciones. ¿Por qué entonces ese miedo
del resto de organizaciones? ¿Por qué esos ataques? El miedo reside en la
posibilidad de que sea el germen de un movimiento que se extienda por el resto
de Europa, que haga tambalear la estructura jerárquica dominante. Saben que es
posible; de hecho la historia nos enseña que grandes civilizaciones, grandes
imperios, han caído y desaparecido. ¿Existirá alguna relación entre las
recientes políticas expansivas del BCE y la irrupción de nuevas fuerzas en el
panorama político? De ser cierto no cabe duda de que nos han condenado a un
sufrimiento evitable durante estos últimos años. De ser cierto deberíamos
agradecer la aparición de estos movimientos; al menos, aunque no tengan más
recorrido, han servido para cuestionar el orden imperante.
Pero no olviden que esto no es
más que una opinión, y opiniones tenemos todos.
jueves, 20 de febrero de 2014
¿Emprendedores o aventureros?
Desgraciadamente no podemos decir
que existan muchos empresarios individuales, personas físicas, que no hayan
sufrido o estén sufriendo las consecuencias de la actual crisis. Pocos pueden
decir que han salido indemnes o que la situación les haya beneficiado, aunque
es cierto, créanme, que alguno ha sacado buena tajada de la desgracia ajena (le
llaman visión empresarial). El resto, pues ya se sabe. Desde el que ha
procedido al despido de todos sus trabajadores hasta el que se ha visto
obligado a tener que echar directamente el candado de la puerta de su negocio, y
dando gracias si con ello consigue dar portazo a sus problemas económicos.
Cuántos no han tenido que luchar en los juzgados para salvar su patrimonio
personal, vivienda incluida, ante el volumen de deudas que les acuciaban.
Otros, directamente, lo han perdido todo.
Desde septiembre de 2013 los
empresarios personas físicas pueden evitar parcialmente que sus viviendas
respondan de las deudas contraídas en su actividad empresarial o profesional.
Sus desventuras empresariales pueden ser menores si se convierten en
“Emprendedores de Responsabilidad Limitada” (ERL).
Si su vivienda tiene un valor
inferior a los 300.000 euros (450.000 euros en poblaciones de más de un millón
de habitantes) puede evitar su pérdida como consecuencia de una situación
coyuntural desfavorable. Eso sí, siempre tras unos trámites jurídicos y unas
obligaciones contables y, como no, con algún coste. Cuestiones éstas a valorar.
Se exceptúan de lo dicho ciertas
deudas, es decir, la vivienda respondería frente a terceros siempre y cuando:
- Las deudas fuesen contraídas con anterioridad a la adquisición de la nueva condición de “Emprendedor R.L.” (Salvo acuerdo previo con los acreedores).
- Sean deudas no derivadas de la actividad empresarial o profesional (por ejemplo, una hipoteca).
- Sean deudas de derecho público (con la Seguridad Social o con Hacienda).
- El empresario haya actuado con fraude o negligencia grave.
Ya saben, aquellos empresarios
(no sociedades) dispuestos a lanzarse a una nueva aventura, o los que ya estén
en medio del fragor de la batalla, deberían valorar los pros y contras de
convertirse en ERL. Cuestión ésta innecesaria si hacemos caso a aquellas voces
que nos advierten de que se aproximan nuevos tiempos de bonanza, o a aquellas
otras que tratan de vendernos los beneficios que se derivan de emprender
aventuras empresariales, obviando el número de “buenos” proyectos que se quedan
en el camino. Fuentes estadísticas nos dicen que el 80% fracasa antes de los 5
años y el 90% no llega a los 10 años.
¡Para aventurarse sin tomar precauciones!
Por cierto, he podido comprobar
que recientemente se están dando charlas y conferencias invitando a los jóvenes
(y no tan jóvenes) a convertirse en emprendedores. Resulta curioso que estas
charlas sean impartidas por “funcionarios” o “personal” de las diferentes
administraciones. País!
martes, 18 de febrero de 2014
OIE
Si algo no funciona, no funciona,
por mucho esfuerzo que se ponga en el intento de convencernos de lo contrario.
Persistir en el empeño o reconocer las evidencias, no existen más caminos. Y de ello hemos tenido suficientes pruebas
durante los últimos años.
Nace el Observatorio de
Innovación en el Empleo (OIE) con el objetivo de impulsar un cambio en el
mercado laboral español. Un “cambio”, del verbo cambiar, cuyas dos primeras
acepciones de la Real Academia Española (RAE) lo definen como “dejar una cosa o
situación para tomar otra” o “convertir o mudar algo en otra cosa,
frecuentemente su contrario”. Y que sean algunas de las mayores empresas
asentadas en nuestro país quienes lo digan es un síntoma más que significativo.
De esta iniciativa se deducen al
menos dos conclusiones. La primera es que la tan manida reforma laboral no está
dando los frutos que se esperan, sus presuntas virtudes no son tales, salvo
para unos pocos interesados. La segunda, que la primera conclusión se reafirma
con la creación de este nuevo observatorio liderado por empresas como Amadeus,
Bankinter, Ikea, Seur, Xerox, BMW,… Que las grandes organizaciones den una
nueva vuelta de tuerca al problema del desempleo es síntoma de que éste sigue
sin resolverse y, lo peor, sin visos de que pueda mejorar.
“Nos juntamos para proponer
iniciativas”, “…están preocupados por lo que está pasando en España”. “El
principal reto es buscar de manera conjunta soluciones innovadoras que
beneficien tanto a la empresa como a los trabajadores como a la sociedad en
general”.
Sí, se espera un cambio en el
sentido de mudar en otra cosa, en su contrario. Esperemos que esta última
declaración (que beneficien a empresas, trabajadores y sociedad) sea el
objetivo y el eje sobre el gire esta nueva iniciativa y que sus propuestas no
incidan aún más en el calvario que padece la población activa de este país.
Siempre se agradecen las buenas
intenciones, sobre todo cuando algunas voces (véase la OCDE) alertan de que
serán necesarios más ajustes, 30.000 millones de euros, en los próximos 10 años
para consolidar nuestras cuentas. ¿No habrán leído los informes y declaraciones
de los diferentes organismos en los que se pronostica que nuestra economía va
bien, que nuestro PIB crecerá?
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