martes, 29 de diciembre de 2015

Más es menos o menos es más.

Estos días apacibles, rodeado de cierto espíritu navideño, me permiten dedicar algunas tardes a hojear lecturas que en otro momento me sería muy difícil atender. Una de estas recientes lecturas trata sobre un tema que aparece de manera habitual en diversos medios de comunicación, las pensiones de jubilación, y de manera implícita cómo conciliar la vida familiar y el desempleo juvenil, entre otras. Realmente lo que se plantea no es tanto cómo resolver un problema sino el hecho de que tenemos una estructura demográfica que difiere de la existente en décadas pasadas y que precisa llevar a cabo algunas actuaciones para evitar problemas futuros. Partimos del hecho constatado de que vivimos más tiempo y en mejores condiciones de salud, en términos agregados (como dicen los economistas). ¿Qué se nos plantea de cara a un futuro no muy lejano? Aumentar la edad de jubilación al tiempo que se reducirían las jornadas de trabajo durante nuestra vida laboral.
 
De entrada podría parecer una buena idea. Vale, dejémoslo simplemente en una idea. No muy recomendable en algunos trabajos que requieren una alta dosis de esfuerzo físico, pero probablemente en otros de mayor carga intelectual (digamos mental) se podría aumentar la vida laboral, por ejemplo, hasta los 70 años. Aquí tenemos una primera cuestión a resolver. ¿De manera opcional u obligatoria?
Si se paran a observar la realidad del mercado laboral podrán comprobar que la segunda alternativa no difiere mucho de lo que sucede en la actualidad. Contratos precarios, de semanas, días, incluso horas, implica tener que trabajar hasta edades avanzadas, muy avanzadas, para tener derecho a una prestación por jubilación. Da la impresión de que la solución al problema ya está en marcha (los jóvenes trabajarán menos horas, tendrán más tiempo y todo ello a cambio de una jubilación que nunca llegará), y sin que nadie les haya preguntado.
 
Pero volviendo al tema (la reducción de la jornada laboral), y suponiendo que fuese una opción (una utopía), se me plantea otra cuestión que no he podido ver resuelta en estas lecturas (no digo que no exista). ¿Reducimos horas de jornada y mantenemos el mismo salario?, o ¿reducimos horas y salario?
 
De darse el primer supuesto nos encontraríamos con unos costes laborales que sufrirían un incremento muy importante (mismo salario por menos horas), lo que reduciría la competitividad de nuestros bienes y servicios, salvo que se llevase a cabo un incremento de la productividad que compense la reducción de jornada (producir lo mismo trabajando menos). Algo que parece improbable, máxime si tenemos en cuenta que somos incapaces de aumentar actualmente nuestra productividad (producir más con los mismos recursos). Recuerden que la productividad también se mejora con inversiones en tecnología, maquinaria,… y no solo reduciendo plantillas, a pesar de que muchos solo vean esta solución.
 
Vistas sus pocas posibilidades de desarrollo pasamos al segundo supuesto. Reducimos horas y salario. ¿Qué conseguimos? De entrada tendríamos más horas para atender a nuestros hijos,  es cierto, pero también menos ingresos para satisfacer tanto sus necesidades como las nuestras, y quizás (con muchas dudas) se lograría disminuir algo el desempleo juvenil al tener que cubrir las horas necesarias para continuar produciendo al menos el mismo número de bienes y servicios.
 
Salvo que el espíritu de la navidad me distraiga en mis razonamientos esta opción de menos trabajo y menos salario me lleva al resultado de que seríamos más pobres aunque con más tiempo libre, y que tendríamos que trabajar hasta edades en las que lo único que aflora son los recuerdos. Al final menos, menos, (trabajo, salario) es más, más, más (pobres, ociosos, viejos).
 
Como diría el maestro Jedi: en esta propuesta algo falta.

martes, 22 de diciembre de 2015

El día después.

Qué malas son las hemerotecas y cuánto daño han causado.
 
El IBEX 35 se derrumba ante una España ingobernable. “La incertidumbre política pasó factura al Ibex…”; “… por el escenario de fragmentación política”; “las dudas por la ingobernabilidad…”, etcétera, etcétera.
No vamos a discutir el hecho de que el IBEX 35 ha caído con fuerza en el día de ayer, un 3,62%. Tampoco que los resultados de las elecciones del domingo dejan un parlamento muy cromático y con muchas dudas acerca de quién será el próximo Presidente del gobierno. ¿Pero es ésta la causa principal de la caída de nuestra principal bolsa? “Algunos expertos aseguran que…” ¿Qué expertos? En estas situaciones nunca aparecen identificados, y cuando aparecen, los medios se encargar de “seleccionar” la frase que interesa para hacerla llegar a su audiencia. Poco o nada se dice sobre la caída del resto de bolsas europeas, aunque en menor medida (entre el 1 y el 1,5%). Ya lo decía N.N. Taleb: “los periodistas son productores industriales de distorsión”.
 
Volvamos la vista atrás.
 
18 de noviembre de 2011, viernes. El Ibex35 cierra en 8.310,10 puntos. Día 20 de noviembre de 2011. Elecciones generales. El Partido Popular gana los comicios con mayoría absoluta. Lunes 21 de noviembre de 2011, el Ibex35 cae un 1,31% ¿incertidumbre? Jueves 24 de noviembre de 2011. El Ibex 35 pierde en lo que llevamos de semana un 6,20%, y desde el viernes 18, un 7,07%. ¿Incertidumbre? En este caso no existe fragmentación, ni dudas sobre la ingobernabilidad, ni incertidumbre política.
 
Los mercados son sabios, y algunos lo aprovechan. Por cierto, hoy amanecen en positivo.
 
Para finalizar una curiosidad sobre la actualidad política. En 2011 el PSOE perdió las elecciones con un 28,76% de los votos, prácticamente los mismos con los que el Partido Popular acaba de ganar en 2015 (28,72%). ¡Qué fríos son los números! Lo que ayer era causa de decepción para unos hoy es motivo de alegría (contenida) para otros. El mismo porcentaje de votos que llevó a la decepción al PSOE en 2011 hoy es motivo de complacencia para las huestes del PP. Es más, un 22% de votos (PSOE) en 2015 es suficiente para sentir cierto alivio. Realizar un anclaje en una cifra te ayuda a crear tu propia historia, ya sea de euforia, satisfacción o decepción. Supongo que el partido socialista tendría unas expectativas muy bajas cuando respira aliviado con un 22% de votos.
 
Pero si hablamos de números absolutos la situación es preocupante para ambos. El Partido Popular ha perdido 3.650.000 votos y el PSOE 1.472.000 votos respecto al año 2011. Estos últimos desde el 2008 han perdido 5.758.000 votos. La tendencia no es muy positiva.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Es poco serio.

“Cuidado con los aprendices”, clama el oficial Montoro.
 
El eslogan para la precampaña del Partido Popular es “España en serio”, pero circula por las redes sociales el chascarrillo de que sería más apropiado el de: “España, ¿en serio?”. A la vista de lo que vemos a diario no parece que vaya muy desencaminado.
 
En febrero de 2014, y tras una gran expectación, se presentó el informe que se había encargado a una Comisión de Expertos para la reforma del sistema tributario español. Informe que, todo hay que decirlo, tras una amplia repercusión en los medios, acompañada por acaloradas discusiones, pasó sin pena ni gloria. También suponemos que, a la vista de su utilidad, sin cargo para el erario público.
 
Tras enterrar la tan esperada reforma fiscal, el 27 de noviembre de 2014 las Cortes Generales aprobaron tres leyes, la 26/2014, por la que se modifica la Ley de IRPF (ojo, sólo se modifica), la 27/2014 del Impuesto sobre Sociedades (ésta es nueva en su totalidad) y la 28/2014 de modificación de la Ley del IVA (pequeños parches). Leyes que entrarían en vigor a partir del 1 de enero de 2015, excepto algunos artículos que se posponen al 2016, principalmente la rebaja de tipos en el IRPF. Otros a 2017.
 
A mediados de 2015 se nos anuncia que se adelanta la rebaja del IRPF al 1 de julio de 2015 y se aprueba, el 10 de julio, el Real Decreto-ley de medidas urgentes para reducir la carga tributaria soportada por el contribuyente. España va bien.
 
En el mes de octubre de 2015 entra en vigor la nueva Ley General Tributaria, ley que según la opinión mayoritaria es el mayor atentado a los derechos de los contribuyentes. Pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación. Ya se las verán los asesores fiscales con sus clientes.
 
Y ahora, en diciembre y a pocos días de unas elecciones generales se nos anuncian nuevas rebajas fiscales para ciertos colectivos (jubilados que continúen con su vida laboral –deben existir muchos- y jóvenes que encuentren su primer trabajo; eso sí, aclara el Sr. Montoro que siempre que no ganen mucho, los que tengan la suerte de firmar un gran contrato pagarán. Menos mal. ¡Cómo si los jóvenes con sueldos de miseria pagasen impuestos por IRPF!
 
Y todo ello sin olvidarnos de las amnistías fiscales, las sanciones por los bienes en el extranjero, etc., etc. ¡Cuidado con los aprendices!
 
Es poco serio.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Del black friday al happy hour o de las rebajas fiscales a un mundo feliz.

De las rebajas fiscales del 2015 a las promesas electorales de nuevas reducciones de impuestos (directos) en la próxima legislatura (de ganar el partido del gobierno). La famosa curva de Laffer planea de nuevo: bajar impuestos aumenta los ingresos del Estado.
 
Pero, ¿cuál es el origen de este razonamiento? En 1963 Kennedy y Johnson habían ganado las elecciones en EEUU y en 1964, tras el asesinato de Kennedy, se tomó la decisión de reducir considerablemente los impuestos. En 1965 el Estado vio aumentar los ingresos por la recaudación fiscal lo que llevó a algunas personas influyentes a ver una relación de causalidad, una falacia “post hoc”: primero se produce un acontecimiento y a continuación otro, el primero se convierte en causa del segundo. ¿Y el resto de las variables? Para los defensores de este tipo de falacias no existen más variables que puedan influir en el resultado final. Por ejemplo, el crecimiento económico que EEUU vivió en el periodo 1964-1965. Estudios posteriores concluyeron que de no haber bajado los impuestos la recaudación habría sido mucho mayor. Es lo que tiene dejar por el camino información relevante.
 
Llegados a este punto, ¿es buena idea bajar los impuestos directos?, ¿y los impuestos indirectos (IVA)?
La literatura económica nos dice que los impuestos directos son progresivos; a partir de un determinado nivel de ingreso, cada euro que se gana tributa a un tipo impositivo mayor, al tipo marginal. Por el contrario, los impuestos indirectos son regresivos; los impuestos sobre el consumo, como el IVA, son generalmente regresivos ya que restan mayor proporción del ingreso de una familia pobre que el de una familia de altos ingresos. Pagamos el mismo impuesto independientemente de cuales sean nuestros ingresos. Algo tan evidente es obviado (que no ignorado) por un amplio porcentaje de la población.
 
Para terminar, sería útil que nuestros políticos en lugar de jugar con los tipos impositivos se planteasen realmente un debate del sistema impositivo de cara a una verdadera redistribución de los ingresos que recauda el Estado. Debate que, sinceramente, creo estéril puesto que parte del espectro político sigue, por un lado, creyendo en teorías económicas desacreditadas y, por otro, no creen en la desigualdad a pesar de lo llamativo de los datos. Estudios realizados en países con ingresos altos (la mayoría de los países llamados desarrollados) han concluido que el sistema impositivo casi no tiene efecto en la redistribución. ¿Sorprendidos? El motivo principal es que los impuestos progresivos al ingreso (IRPF, Sociedades,…) son contrarrestados por lo general por los impuestos regresivos. Para que nos entendamos: lo que se quita a los que más ganan y se distribuye entre los que menos tienen es gravado nuevamente con impuestos regresivos como el IVA, al final lo que te doy te lo quito.
 
Suena bien eso de bajar el impuesto sobre la renta y sobre sociedades, ¿verdad?


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Libro.

Un libro recomendado: Economía para el 99 por ciento de la población. Ha-Joon Chang.

De interés:


ESCUELAS (principales):

  • Austriaca
  • Conductista.
  • Clásica.
  • Desarrollista.
  • Institucionalista.
  • Keynesiana.
  • Marxista.
  • Neoclásica.
  • Schumpeteriana.


-          Si desean conocer opiniones divergentes sobre la vitalidad y la viabilidad del capitalismo: Clásica, Marxista, Schumpeteriana e Institucionalista.

-          Una buena manera de defender el libre mercado: Clásica, Austriaca, Neoclásica.

-          Diferentes maneras de conceptualizar lo individual: Neoclásica, Austriaca y Conductista.

-          Por qué a veces es necesaria la intervención estatal: Neoclásica, Desarrollista y Keynesiana.

-          Teorías sobre grupos (especialmente clases): Clásica, Marxista, Keynesiana e Institucionalista.

-          La economía es mucho más que los mercados: Marxista, Institucionalista, Conductista.

-          Comprender sistemas económicos en su conjunto: Marxista, Desarrollista, Keynesiana e Institucionalista.

-          Comprender el desarrollo de las tecnologías y el aumento de la productividad: Clásica, Marxista, Desarrollista y Schumpeteriana.

-          Interacciones de los individuos y la sociedad: Austriaca, Neoclásica, Institucionalista, Conductista.

-          Por qué existen las corporaciones y cómo funcionan: Schumpeterina, Institucionalista y Conductista.

-          Desempleo y recesión: Clásica y Keynesiana.

 

ADVERTENCIA sanitaria: la ingesta de un solo ingrediente puede causar visión de túnel, arrogancia y, muy probablemente, muerte cerebral.

martes, 1 de diciembre de 2015

Un expolio.

“La ley, de todas maneras, es más blanda para ellos que para nosotros, y ellos la necesitan más que nosotros. Por eso cuando la ley les golpea en la frente, fruncen el ceño, pero no demasiado. El palo de uno mismo pega con más suavidad…”.
 
El párrafo anterior pertenece al libro “la madre”, de Máximo Gorki, y la juzgo muy oportuna para prologar la entrada de hoy. ¿Es justa la ley? ¿Están todas las partes al mismo nivel cuando se trata de aplicar las leyes o esta balanza se inclina siempre hacia uno de los lados?
 
¿Se han parado a preguntar cuántas veces han decidido por nosotros o han marcado nuestros destinos amparándose en unos textos legales llenos de definiciones y conceptos que a la larga se tornan erróneos? Les llaman lagunas. Me explico. Desde hace mucho tiempo somos conscientes de que el lenguaje que utilizamos no es suficiente para explicar la realidad de los hechos, ni siquiera para dar una imagen que se ajuste a lo que percibimos por los sentidos, o una descripción de ciertos conceptos ¿cómo definimos el color rojo, por ejemplo? Filósofos, científicos, intelectuales de diferentes campos, llevan años, incluso siglos, reconociendo las carencias del lenguaje. Pues bien, siendo conscientes de esta carencia, utilizamos el lenguaje para marcar y dirigir los destinos de nuestros congéneres. Después ya vendrán las interpretaciones (ésa es otra) y aclaraciones; véase sino la cantidad de resoluciones, unificación de criterios, etc., que pueblan nuestros tribunales.
 
Vamos al tema. He podido presenciar la siguiente historia, kafkiana si me lo permiten.
 
Un empresario (omito datos para preservar el derecho a la intimidad) procedió a la venta de una maquinaria a una empresa extranjera. El monto de la operación se aproximaba a los 40.000€ (los importes están redondeados para facilitar la lectura). El empresario emitió la correspondiente factura de venta y la empresa extranjera envió a un representante para recoger la maquinaria. Hasta aquí todo normal en una operación mercantil. Llega el día de la recogida y el representante aparece con el dinero en efectivo (cruzó Europa de un extremo a otro con un maletín bajo el brazo. Debe ser lo que llaman “libertad de movimiento de capitales”, algo a lo que últimamente estamos habituados). ¿Qué hacer? La respuesta se torna sencilla, cobrar y entregar la mercancía; damos por finalizada la transacción. Fácil, ¿verdad?
 
El 30 de octubre de 2012 se publicó la Ley 7/2012 que contiene un artículo 7 con este literal: “No podrán pagarse en efectivo las operaciones, en las que alguna de las partes intervinientes actúe en calidad de empresario o profesional, con un importe igual o superior a 2.500€ o su contravalor en moneda extranjera”. Houston, tenemos un problema. La historia se complica. ¿Qué hacer? ¿Le decimos al representante de la empresa extranjera que se dé la vuelta sin la máquina, que nos haga una transferencia y vuelva a buscarla?, ¿le entregamos la máquina y cuando llegue a su país que nos haga una transferencia?, ¿anulamos la operación?
Aquí debo introducir un matiz; esta operación se realizó a los pocos meses de la publicación de la ley, por lo que gran parte de los empresarios eran desconocedores de este requisito (aunque el desconocimiento no exime del cumplimiento), y tampoco existían resoluciones e interpretaciones debido al poco recorrido de la ley. Nuestro empresario sí era conocedor de la legislación vigente. Así que ante esta disyuntiva se dirigen ambas partes a la entidad bancaria del empresario para hablar con el director de la sucursal y poder tomar una decisión. Una vez en el despacho llaman a su asesor fiscal y éste les da una “solución”.
 
Artículo 7.5 de la ley 7/2012: “esta limitación no resultará aplicable a los pagos e ingresos realizados en entidades de crédito”. Voilà, tenemos la “solución”. Además, la Agencia Tributaria había publicado una aclaración en su página Web: “si el cliente efectúa el ingreso superior a 2.500€ directamente en la cuenta bancaria que le indica la empresa, identificando la operación o número de factura a que se refiere el pago y la persona que realiza la imposición en efectivo, no se incumple las limitaciones a los pagos en efectivo”. Sin más tiempo que perder, el representante hace entrega del dinero y éste es ingresado en la cuenta corriente del empresario español. Por confianza, o relajamiento, como consecuencia de haber encontrado una pronta solución que satisface a todas las partes (incluso al director de la sucursal; más cash), el empresario español firma el documento de ingreso. Fin de la operación. Llegado su momento se declarará la operación al fisco y se pagarán los impuestos devengados. A otra cosa mariposa.
 
Después de varios meses el empresario español recibe la visita de un agente de la Administración Tributaria que le hace entrega de una notificación: ¡una sanción por haber realizado una operación en la que se ha pagado en efectivo por importe superior a 2.500€!  Imagínense la cara del empresario. ¡10.000€ de sanción! 
 
Comienza el toma y daca con la Administración. Presenta alegaciones, justificantes, certificados, declaraciones del director de la sucursal, jurando y perjurando que el ingreso se efectuó en la entidad financiera, identificando la operación, número de factura, persona que realiza el ingreso, … Nada de lo aportado es admitido por la Administración. “Se ha efectuado un pago en efectivo superior a 2.500€”, concluyen. ¿En qué se basa la Agencia Tributaria para desestimar todo lo alegado por el empresario? Simplemente en una palabra: “directamente”, recogida en la nota publicada en su página Web (“si el cliente efectúa el ingreso … directamente en la cuenta…). La firma que aparecía en el documento de ingreso era la del empresario español, lo que invalidaba, o vulneraba la ley, según la Administración. Un simple defecto de forma se convierte en un ilícito con su correspondiente sanción, sanción que puede arruinar la viabilidad de una empresa y abocarla a su posterior cierre. No existe fraude, ni ocultación, ni intención, ni reincidencia, ni perjuicios al fisco, sólo un defecto de forma, la firma de la persona equivocada. ¡NO se ha ingresado DIRECTAMENTE! El dinero ha pasado por las manos del empresario español, lo ha tocado, y no contento con ello ha mordido la manzana (firmó el documento de ingreso). El pecado ya ha sido cometido, no cabe arrepentimiento alguno y, por lo tanto, merece un justo (y gravoso) castigo por su osadía.
 
¿Qué camino queda? Los tribunales; buscar un abogado, procurador,… y a pleitear contra la Administración. 10.000€ más los costes del juicio. Hagan números. Lo que gana actualmente un trabajador al año o más de lo que cobran la mayoría de los pensionistas.
 
¿Qué dice el empresario al respecto? Pues que si no hubiese ingresado el dinero en la entidad financiera y se lo hubiese guardado en su bolsillo se habría ahorrado 10.000€. Eso por no hablar de otras ideas que se le pasaban por la cabeza para ahorrarse impuestos. Su intento de hacer las cosas dentro de la ley y el riesgo de perder una operación mercantil le han supuesto, de momento, la friolera de 10.000€.
¿Cree la Administración que así favorece sus intereses y los de sus administrados? Después nos quejaremos de la economía sumergida con sus nefastas consecuencias para el sostenimiento del estado de bienestar.
 
En fin, que esto debe ser lo que algunos llaman seguridad jurídica o quizás otros más acertadamente, un expolio.


sábado, 28 de noviembre de 2015

¿Existe la suerte?

Fragmento del libro de Nassim Nicholas Taleb, ¿Existe la Suerte?

Kahneman y Tversky empezaron a buscar reglas en los humanos que no les hicieran racionales (heurísticas). Las denominaron heurísticas rápidas y sucias.

Desde los resultados de Kahneman y Tversky, ha florecido toda una disciplina denominada economía y finanzas conductistas; en abierta contradicción con la economía neoclásica ortodoxa que se enseña en los departamentos de economía y administración de empresas con los nombres normativos de mercados eficientes, expectativas racionales, ...

Una ciencia normativa ofrece enseñanzas prescriptivas; estudia cómo deberían ser las cosas. Algunos economistas, los que profesan la religión de los mercados eficientes, creen que nuestros estudios deberían basarse en la hipótesis de que los humanos son racionales y actúan racionalmente porque es lo mejor para ellos (es matemáticamente "óptimo"). Lo contrario es una ciencia positiva, que se basa en la observación de cómo se comporta, de hecho, la gente.

La economía, sobre todo la microeconomía y la economía financiera, es una ciencia predominantemente normativa. La economía normativa es como la religión sin la estética.

N. N. Taleb es matemático empírico y analista del comportamiento económico de los seres humanos, ensayista y financiero.
Daniel Kahneman es psicólogo y premio en Ciencias Económicas en  memoria de Alfred Nobel en 2002.
Amos Tversky era psicólogo cognitivo, psicólogo matemático y colaborador de Kahneman.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Nos sobra tiempo (improductivo).


 
Una tarde, fría y tranquila, releyendo unas páginas de un manual de economía de empresa se me ocurrió hacer unos sencillos cálculos basándome en la relación existente entre el número de habitantes, población activa y población ocupada en España para calcular el número de horas improductivas a la semana, es decir, el número de horas laborables en las que no se produce nada, horas que se pierden desde un punto de vista económico.
 

Para evitar complicaciones decidí utilizar una jornada laboral de 40 horas semanales, obviando contratos parciales, horas extra, …

 
 
El resto de datos obtenidos del INE son los siguientes:

Población media en 2014: 46.476.032 habitantes.

Población activa media en 2014: 22.954.600 habitantes.

Población ocupada media en 2014: 17.344.200 habitantes.


Realizando unas sencillas operaciones, población x (población ocupada/población) x 40 h/s, y población x (población activa/población) x 40 h/s, obtenemos los siguientes resultados:
 

Horas/semana/trabajadas: 693.608.302.

Horas/semana/totales: 918.180.488.

La diferencia entre ambas es de 224.572.186.

 

Es decir, cerca de 225 millones de horas a la semana se pierden en nuestro país sin que se produzca nada, consecuencia del desempleo. ¡11.700 millones de horas al año perdidas! Por supuesto, me refiero a las horas legales.

¡Cómo de diferente sería España si este tiempo fuese capaz de producir bienes y servicios de manera eficiente! PIB, Renta per cápita, Estado de bienestar, educación, sanidad, dependencia,…

 


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Que me queda del 2014.

Tal día como hoy e influenciado por los acontecimientos más recientes, la memoria no da para más, la sensación que me deja este año que finaliza es la de que ha sido el año de la alfombra, el año en el que hemos decidido sacar al exterior esas enormes alfombras llenas de polvo y suciedad para sacudirles con toda nuestra rabia. Suciedad que ha ido acumulándose durante un largo tiempo ante nuestras miradas impasibles hasta que alguien ha decido que era la hora.
 
Para conocer lo que aguantará el palo, así como la paciencia y el tesón del sacudidor ante el enorme reto que se le presenta tendremos que esperar. Continuará saliendo mucha corrupción de las alfombras, sobre todo la que se encuentra debajo; la que ya está incrustada, ésa será más difícil de eliminar. Se presume que la única solución será cambiarlas por otras nuevas.
 
¿Y qué hacemos con tanta mugre? Cierto pesimismo me embarga al respecto. “La ley, de todas maneras, es más blanda para ellos que para nosotros, y ellos la necesitan más que nosotros. Por eso cuando la ley les golpea en la frente, fruncen el ceño, pero no demasiado. El palo de uno mismo pega con más suavidad…” M. Gorki (La madre).
 
Mis mejores deseos para este 2015.
 
Y recuerden, como dijo Primo Levi, “que algo inaudito haya sucedido es en sí mismo la prueba de que puede volver a suceder”. Y Antonio Muñoz Molina: “Hay que tener cuidado con aceptar distraídamente la normalidad porque puede que se descubra retrospectivamente que era una normalidad monstruosa”.

martes, 30 de diciembre de 2014

Un fragmento. "El Capital en el siglo XXI"


Con una inflación promedio de casi 17% anual entre 1913 y 1950…, Alemania era el país por excelencia que diluyó su deuda pública en la inflación del siglo XX. A pesar de tener fuertes déficits durante cada una de las dos guerras mundiales (el endeudamiento público rebasaba ligeramente el 100% del PIB en 1918-1920, y el 150% del PIB en 1943-1944) la inflación permitiría regresar rápidamente la deuda a niveles muy bajos: apenas 20% del PIB, tanto en 1930 como en 1950.

[…] hoy en día nos encontramos en la siguiente situación paradójica: el país que utilizó de manera más masiva la inflación para hacer desaparecer sus deudas en el siglo XX no quiere oír hablar de un alza de precios superior al 2% anual, y el país que siempre devolvió sus deudas públicas –el Reino Unido- tiene una actitud más flexible y no ve ningún daño en que su Banco Central adquiera buena parte de su deuda pública y deje aumentar ligeramente la inflación.

T. Piketty.
Economista francés.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Amin Maalouf.

"¿Cómo resolver una crisis financiera de mucha envergadura sin habérselas con la crisis de confianza que lleva aparejada, con las conductas que la causaron, con la distorsión de la escala de valores, con la pérdida de credibilidad moral de los dirigentes, de los Estados, de las compañías, de las instituciones y de quienes supone que velan por ellas?
... nunca hubo época como esta nuestra, en la que a los responsables de las economías nacionales los dejen irremisiblemente atrás las arquitecturas acrobáticas de los ases de las finanzas y en la que los operadores que manejan miles de millones no saben nada de economía política y no les importan en absoluto las repercusiones que puedan tener sus actos ni en las empresas, ni en los trabajadores, ni en sus propios familiares y amigos, por no referirnos ya a las que puedan tener en el bienestar colectivo.
Quien devuelve al pueblo la dignidad puede conseguir que el pueblo acepte muchas cosas. [...] lo escucharán, lo defenderán y lo obedecerán".
El desajuste del mundo.
Felices fiestas!!!

martes, 16 de diciembre de 2014

¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública?

El tiempo transcurre sin pausa y los límites se cruzan sin rubor. Lo primero es inevitable, lo segundo entra dentro de lo esperado. Quién no ha visto caer un record tras otro durante su vida.
 
La Deuda Pública española continúa su escalada sin freno y parece no encontrar techo, y ello a pesar de los mensajes cargados de optimismo (la crisis es historia). Pero sin una mejora sustancial de las condiciones económicas, tanto en nuestro país como en nuestros socios comerciales, las cuentas públicas no volverán a la senda de los superávits presupuestarios necesarios para la reducción de la deuda pública. Conseguir esto se plantea harto difícil; o bien reducir gasto público (más recortes) o bien aumentar ingresos públicos recaudando más y mejor (quizás con aumentos de los tipos impositivos a los que poseen mayor riqueza y renta), o una combinación de ambos (más ingresos y más recortes).
 
Pero, ¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública? Un mínimo de ética aderezada con un poco de vergüenza es suficiente para que no lo proclamen a los cuatro vientos. Sin embargo, no cabe duda de que el sistema es muy favorable para sus intereses. Además, al ser los grandes poseedores del capital y controlar los cauces de comunicación pretenden hacernos ver que su preocupación es real, que la deuda pública es un lastre para nuestra economía y para las generaciones posteriores. No es nuevo. La respuesta a esta cuestión la podemos obtener del reciente libro “El capital en el siglo XXI” del economista francés T. Piketty.
 
Plantéense el siguiente escenario: Por un lado, usted se encuentra entre los afortunados que poseen un importante patrimonio junto con unas rentas generosas y buscan obtener una rentabilidad, al menos que sea superior a la inflación (todo sea por no perder riqueza). Además, usted es un ciudadano “patriota” que desea ayudar a su país a salir de la actual situación, y tampoco nos olvidamos de su carácter “solidario” con los más débiles. En definitiva, es usted un patriota solidario que además busca rentabilidad para su patrimonio. Por otro lado, y relacionado con su entorno, nos encontramos con que los tipos de interés se encuentran en mínimos (pregunten a su banco cuál es el tipo al que le remunerarían un pequeño depósito o una cuenta de ahorro); la renta variable (acciones) muestra alta volatilidad e incertidumbre (sólo apta para valientes o acaudalados); existe una baja o nula inflación, y los países continúan con problemas presupuestarios derivados de la prolongada crisis que derivan en sucesivos déficits públicos que deben cubrir.
Pues bien, con este escenario el gobierno le puede plantear tres opciones para mantener la situación controlada:
a)     Reducir (recortar) gastos para equilibrar sus cuentas y evitar que la deuda pública continúe aumentando (la conocida austeridad o, eufemísticamente, consolidación fiscal).
b)    Aumentar impuestos para obtener una mayor recaudación, principalmente a aquellos que tienen mayor renta y riqueza.
c)     Emitir deuda pública a cambio del pago de los correspondientes intereses.
¿Qué estrategia le recomendaría a su gobierno? (otro eufemismo, recomendar; al fin y al cabo si usted forma parte de la élite más que recomendar tiene capacidad para imponer):
¿Recortar gastos? Sería una opción. Sus hijos van a escuelas privadas y su salud está protegida por un buen seguro médico. Con toda probabilidad a usted no le afectaría en gran medida ya que no acostumbra a acudir al centro de salud de su barrio (es más, puede que en su barrio no sea necesario un centro de salud).
¿Aumentar impuestos? Posiblemente no. A pesar de su “solidaridad” con los más débiles supondría dar al Estado parte de su riqueza y renta sin ninguna contraprestación directa. No, aumentar los impuestos a los ricos no entraría dentro de sus recomendaciones. De ser así habría que plantearse movilizar los capitales hacia otras latitudes (para eso se ha “inventado” la libre circulación de capitales).
¿Más deuda pública? Éste parece un buen plan. Parte de nuestros ingresos se los cederíamos al Estado (patriotas) a cambio de los correspondientes intereses (mejor con primas de riesgo altas) y con la seguridad de que al final, al vencimiento, recuperaríamos el capital invertido. Además, si esta estrategia va acompañada de bajadas de impuestos, o directamente su eliminación (Sucesiones, Patrimonio), tenemos garantizada la supervivencia de nuestra especie (los ricos).
 
Para qué pagar impuestos al Estado si éste puede obtener igualmente los recursos a cambio del pago de unos intereses. Interesante, mucho más interesante, sin duda.
 
 Claro que, llegados a este punto, no sería de extrañar que ciertos estamentos sacaran su artillería cuando apareciese alguien que planteara auditar la deuda pública y subir impuestos a los más acaudalados.
 
Pero, en fin, solo es un escenario y unas posibles soluciones fruto de un ejercicio de imaginación.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Para la posteridad.

Siendo conscientes de que la memoria es frágil y de que pasado un tiempo aparecerán algunos deshonestos que intentarán aprovecharse de nuestras carencias, vamos a dejar constancia de unos datos que pueden marcar un punto de inflexión.
 
La Deuda Pública española ha superado a junio de 2014 el billón de euros (1.012.643 millones). Nuevos criterios contables aplicados a las mediciones efectuadas desde 1995 han supuesto un incremento de la deuda pública del 2%.
 
Deuda pública con nuevos criterios en relación al PIB: 98,9%.
Deuda pública sin ajustes contables en relación al PIB: 98,3%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2014: 99,5%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2015: >100,00%.
 
Ahora bien, el próximo 25 de septiembre de 2014 el Instituto Nacional de Estadística (INE) procederá a incorporar en el cómputo del PIB la prostitución y el tráfico de drogas, entre otros cambios, lo que traerá un aumento del PIB de aproximadamente el 4,5%. Este hecho supondrá un descenso de la ratio “Deuda Pública/PIB” hasta el 95%, y aquí algún aprovechado intentará vendernos esta bajada como un éxito.
 
Anoten también que a partir de esta semana el BCE (Banco Central Europeo) pondrá en marcha los primeros estímulos monetarios, con una nueva barra de liquidez que se complementará con compras de activos privados a partir de octubre. Se espera que dichos estímulos se acompañen de reformas en París y Roma, de la llamada flexibilidad fiscal y de un plan de inversiones que en su día prometió el nuevo presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker (300.000 millones de euros). Este plan de inversiones se deja en manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI).
 
Resumiendo:
Veremos a algún aprovechado vendiéndonos la bajada del porcentaje de deuda pública y a otros, de llevarse a cabo el cambio de rumbo de la política económica europea, vendernos los resultados de las “políticas locales”. Se aproximan elecciones.
 
Que conste.


sábado, 7 de junio de 2014

Podemos.

¿Utópico? ¿Populista? Podemos.

Como hoy tengo un poco de tiempo voy aprovechar para dejar mi impresión sobre la nueva organización o movimiento que acaba de irrumpir con fuerza en el panorama político; principalmente porque me han pedido mi humilde opinión. ¿Son creíbles sus propuestas?
 
Lo que no debemos obviar en primer lugar es el soporte que sustenta a este movimiento. Los primeros espadas, la cara visible, son personas lo suficientemente preparadas en diferentes disciplinas académicas y, aunque no me he tomado el tiempo suficiente para conocerlos, el resto que les acompañan parece ser que también disponen de amplia formación, es decir, en principio no deberían ser simples voceros de medidas populistas carentes de todo análisis previo. Siendo así deberíamos suponer que su programa ha sido analizado, debatido y ponderadas las posibles consecuencias que se derivarían de su aplicación en diferentes escenarios.
 
Pero, a mi entender, lo interesante de Podemos no es lo que plantea, no son sus medidas, sino que lo atractivo es la posibilidad de que sea el germen de un nuevo sistema, de un nuevo contrato social. En más de una ocasión se ha debatido sobre la existencia de alternativas al sistema capitalista que se ha apoderado de todas las instituciones, económicas, políticas, sociales, culturales,… Aquellas propuestas o medidas que pretendían efectuar cambios sobre este sistema eran rápidamente eliminadas, cuando no fagocitadas.
 
Podemos propone un cambio radical, un giro de 180º, no solo cambios puntuales en el sistema. Un nuevo sistema, con nuevas reglas, con nuevos jugadores, que admite en su seno a toda clase de ciudadanos (integra), que crea instituciones inclusivas que benefician a la comunidad en su totalidad, que apuesta por la meritocracia en lugar de la partitocracia. Ahí reside lo atractivo del movimiento.
 
Podemos no va a cambiar por sí solo el funcionamiento del conjunto de las instituciones pero sí va a presentar su tarjeta de visita y, lo más importante, una nueva forma de hacer las cosas. Tope salarial y salario mínimo digno, pensiones dignas y jubilación a los 60 años. ¿Utópico? Sí si nos movemos en el escenario actual. Sin embargo no es esto lo que plantean. Una ruptura de las instituciones, un modelo diferente, en definitiva, una nueva estructura de relaciones sociales abriría el camino para alcanzar la utopía, al menos para soñar. Y en esto creen muchos de los votantes que han depositado su confianza en Podemos durante las últimas elecciones.
 
¿Es necesario un cambio? ¿No existe otro sistema? Podemos cree que sí ¿Y el resto?
 
Un solo Podemos no puede cambiar el sistema actual, no dispone de la fuerza suficiente para implantar un giro en las políticas ni para cambiar las instituciones. ¿Por qué entonces ese miedo del resto de organizaciones? ¿Por qué esos ataques? El miedo reside en la posibilidad de que sea el germen de un movimiento que se extienda por el resto de Europa, que haga tambalear la estructura jerárquica dominante. Saben que es posible; de hecho la historia nos enseña que grandes civilizaciones, grandes imperios, han caído y desaparecido. ¿Existirá alguna relación entre las recientes políticas expansivas del BCE y la irrupción de nuevas fuerzas en el panorama político? De ser cierto no cabe duda de que nos han condenado a un sufrimiento evitable durante estos últimos años. De ser cierto deberíamos agradecer la aparición de estos movimientos; al menos, aunque no tengan más recorrido, han servido para cuestionar el orden imperante.
 
Pero no olviden que esto no es más que una opinión, y opiniones tenemos todos.


jueves, 20 de febrero de 2014

¿Emprendedores o aventureros?

Desgraciadamente no podemos decir que existan muchos empresarios individuales, personas físicas, que no hayan sufrido o estén sufriendo las consecuencias de la actual crisis. Pocos pueden decir que han salido indemnes o que la situación les haya beneficiado, aunque es cierto, créanme, que alguno ha sacado buena tajada de la desgracia ajena (le llaman visión empresarial). El resto, pues ya se sabe. Desde el que ha procedido al despido de todos sus trabajadores hasta el que se ha visto obligado a tener que echar directamente el candado de la puerta de su negocio, y dando gracias si con ello consigue dar portazo a sus problemas económicos. Cuántos no han tenido que luchar en los juzgados para salvar su patrimonio personal, vivienda incluida, ante el volumen de deudas que les acuciaban. Otros, directamente, lo han perdido todo.
 
Desde septiembre de 2013 los empresarios personas físicas pueden evitar parcialmente que sus viviendas respondan de las deudas contraídas en su actividad empresarial o profesional. Sus desventuras empresariales pueden ser menores si se convierten en “Emprendedores de Responsabilidad Limitada” (ERL).
 
Si su vivienda tiene un valor inferior a los 300.000 euros (450.000 euros en poblaciones de más de un millón de habitantes) puede evitar su pérdida como consecuencia de una situación coyuntural desfavorable. Eso sí, siempre tras unos trámites jurídicos y unas obligaciones contables y, como no, con algún coste. Cuestiones éstas a valorar.
 
Se exceptúan de lo dicho ciertas deudas, es decir, la vivienda respondería frente a terceros siempre y cuando:
  • Las deudas fuesen contraídas con anterioridad a la adquisición de la nueva condición de “Emprendedor R.L.” (Salvo acuerdo previo con los acreedores).
  • Sean deudas no derivadas de la actividad empresarial o profesional (por ejemplo, una hipoteca).
  • Sean deudas de derecho público (con la Seguridad Social o con Hacienda).
  • El empresario haya actuado con fraude o negligencia grave.
 
Ya saben, aquellos empresarios (no sociedades) dispuestos a lanzarse a una nueva aventura, o los que ya estén en medio del fragor de la batalla, deberían valorar los pros y contras de convertirse en ERL. Cuestión ésta innecesaria si hacemos caso a aquellas voces que nos advierten de que se aproximan nuevos tiempos de bonanza, o a aquellas otras que tratan de vendernos los beneficios que se derivan de emprender aventuras empresariales, obviando el número de “buenos” proyectos que se quedan en el camino. Fuentes estadísticas nos dicen que el 80% fracasa antes de los 5 años y el 90% no llega a los 10 años.  ¡Para aventurarse sin tomar precauciones!
Por cierto, he podido comprobar que recientemente se están dando charlas y conferencias invitando a los jóvenes (y no tan jóvenes) a convertirse en emprendedores. Resulta curioso que estas charlas sean impartidas por “funcionarios” o “personal” de las diferentes administraciones. País!


martes, 18 de febrero de 2014

OIE

Si algo no funciona, no funciona, por mucho esfuerzo que se ponga en el intento de convencernos de lo contrario. Persistir en el empeño o reconocer las evidencias, no existen más caminos.  Y de ello hemos tenido suficientes pruebas durante los últimos años.
 
Nace el Observatorio de Innovación en el Empleo (OIE) con el objetivo de impulsar un cambio en el mercado laboral español. Un “cambio”, del verbo cambiar, cuyas dos primeras acepciones de la Real Academia Española (RAE) lo definen como “dejar una cosa o situación para tomar otra” o “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contrario”. Y que sean algunas de las mayores empresas asentadas en nuestro país quienes lo digan es un síntoma más que significativo.
 
De esta iniciativa se deducen al menos dos conclusiones. La primera es que la tan manida reforma laboral no está dando los frutos que se esperan, sus presuntas virtudes no son tales, salvo para unos pocos interesados. La segunda, que la primera conclusión se reafirma con la creación de este nuevo observatorio liderado por empresas como Amadeus, Bankinter, Ikea, Seur, Xerox, BMW,… Que las grandes organizaciones den una nueva vuelta de tuerca al problema del desempleo es síntoma de que éste sigue sin resolverse y, lo peor, sin visos de que pueda mejorar.
 
“Nos juntamos para proponer iniciativas”, “…están preocupados por lo que está pasando en España”. “El principal reto es buscar de manera conjunta soluciones innovadoras que beneficien tanto a la empresa como a los trabajadores como a la sociedad en general”.
 
Sí, se espera un cambio en el sentido de mudar en otra cosa, en su contrario. Esperemos que esta última declaración (que beneficien a empresas, trabajadores y sociedad) sea el objetivo y el eje sobre el gire esta nueva iniciativa y que sus propuestas no incidan aún más en el calvario que padece la población activa de este país.
 
Siempre se agradecen las buenas intenciones, sobre todo cuando algunas voces (véase la OCDE) alertan de que serán necesarios más ajustes, 30.000 millones de euros, en los próximos 10 años para consolidar nuestras cuentas. ¿No habrán leído los informes y declaraciones de los diferentes organismos en los que se pronostica que nuestra economía va bien, que nuestro PIB crecerá?