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martes, 16 de diciembre de 2014

¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública?

El tiempo transcurre sin pausa y los límites se cruzan sin rubor. Lo primero es inevitable, lo segundo entra dentro de lo esperado. Quién no ha visto caer un record tras otro durante su vida.
 
La Deuda Pública española continúa su escalada sin freno y parece no encontrar techo, y ello a pesar de los mensajes cargados de optimismo (la crisis es historia). Pero sin una mejora sustancial de las condiciones económicas, tanto en nuestro país como en nuestros socios comerciales, las cuentas públicas no volverán a la senda de los superávits presupuestarios necesarios para la reducción de la deuda pública. Conseguir esto se plantea harto difícil; o bien reducir gasto público (más recortes) o bien aumentar ingresos públicos recaudando más y mejor (quizás con aumentos de los tipos impositivos a los que poseen mayor riqueza y renta), o una combinación de ambos (más ingresos y más recortes).
 
Pero, ¿Por qué los ricos están más que satisfechos con la elevada deuda pública? Un mínimo de ética aderezada con un poco de vergüenza es suficiente para que no lo proclamen a los cuatro vientos. Sin embargo, no cabe duda de que el sistema es muy favorable para sus intereses. Además, al ser los grandes poseedores del capital y controlar los cauces de comunicación pretenden hacernos ver que su preocupación es real, que la deuda pública es un lastre para nuestra economía y para las generaciones posteriores. No es nuevo. La respuesta a esta cuestión la podemos obtener del reciente libro “El capital en el siglo XXI” del economista francés T. Piketty.
 
Plantéense el siguiente escenario: Por un lado, usted se encuentra entre los afortunados que poseen un importante patrimonio junto con unas rentas generosas y buscan obtener una rentabilidad, al menos que sea superior a la inflación (todo sea por no perder riqueza). Además, usted es un ciudadano “patriota” que desea ayudar a su país a salir de la actual situación, y tampoco nos olvidamos de su carácter “solidario” con los más débiles. En definitiva, es usted un patriota solidario que además busca rentabilidad para su patrimonio. Por otro lado, y relacionado con su entorno, nos encontramos con que los tipos de interés se encuentran en mínimos (pregunten a su banco cuál es el tipo al que le remunerarían un pequeño depósito o una cuenta de ahorro); la renta variable (acciones) muestra alta volatilidad e incertidumbre (sólo apta para valientes o acaudalados); existe una baja o nula inflación, y los países continúan con problemas presupuestarios derivados de la prolongada crisis que derivan en sucesivos déficits públicos que deben cubrir.
Pues bien, con este escenario el gobierno le puede plantear tres opciones para mantener la situación controlada:
a)     Reducir (recortar) gastos para equilibrar sus cuentas y evitar que la deuda pública continúe aumentando (la conocida austeridad o, eufemísticamente, consolidación fiscal).
b)    Aumentar impuestos para obtener una mayor recaudación, principalmente a aquellos que tienen mayor renta y riqueza.
c)     Emitir deuda pública a cambio del pago de los correspondientes intereses.
¿Qué estrategia le recomendaría a su gobierno? (otro eufemismo, recomendar; al fin y al cabo si usted forma parte de la élite más que recomendar tiene capacidad para imponer):
¿Recortar gastos? Sería una opción. Sus hijos van a escuelas privadas y su salud está protegida por un buen seguro médico. Con toda probabilidad a usted no le afectaría en gran medida ya que no acostumbra a acudir al centro de salud de su barrio (es más, puede que en su barrio no sea necesario un centro de salud).
¿Aumentar impuestos? Posiblemente no. A pesar de su “solidaridad” con los más débiles supondría dar al Estado parte de su riqueza y renta sin ninguna contraprestación directa. No, aumentar los impuestos a los ricos no entraría dentro de sus recomendaciones. De ser así habría que plantearse movilizar los capitales hacia otras latitudes (para eso se ha “inventado” la libre circulación de capitales).
¿Más deuda pública? Éste parece un buen plan. Parte de nuestros ingresos se los cederíamos al Estado (patriotas) a cambio de los correspondientes intereses (mejor con primas de riesgo altas) y con la seguridad de que al final, al vencimiento, recuperaríamos el capital invertido. Además, si esta estrategia va acompañada de bajadas de impuestos, o directamente su eliminación (Sucesiones, Patrimonio), tenemos garantizada la supervivencia de nuestra especie (los ricos).
 
Para qué pagar impuestos al Estado si éste puede obtener igualmente los recursos a cambio del pago de unos intereses. Interesante, mucho más interesante, sin duda.
 
 Claro que, llegados a este punto, no sería de extrañar que ciertos estamentos sacaran su artillería cuando apareciese alguien que planteara auditar la deuda pública y subir impuestos a los más acaudalados.
 
Pero, en fin, solo es un escenario y unas posibles soluciones fruto de un ejercicio de imaginación.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Para la posteridad.

Siendo conscientes de que la memoria es frágil y de que pasado un tiempo aparecerán algunos deshonestos que intentarán aprovecharse de nuestras carencias, vamos a dejar constancia de unos datos que pueden marcar un punto de inflexión.
 
La Deuda Pública española ha superado a junio de 2014 el billón de euros (1.012.643 millones). Nuevos criterios contables aplicados a las mediciones efectuadas desde 1995 han supuesto un incremento de la deuda pública del 2%.
 
Deuda pública con nuevos criterios en relación al PIB: 98,9%.
Deuda pública sin ajustes contables en relación al PIB: 98,3%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2014: 99,5%.
Previsión del Gobierno de Deuda Pública/PIB para 2015: >100,00%.
 
Ahora bien, el próximo 25 de septiembre de 2014 el Instituto Nacional de Estadística (INE) procederá a incorporar en el cómputo del PIB la prostitución y el tráfico de drogas, entre otros cambios, lo que traerá un aumento del PIB de aproximadamente el 4,5%. Este hecho supondrá un descenso de la ratio “Deuda Pública/PIB” hasta el 95%, y aquí algún aprovechado intentará vendernos esta bajada como un éxito.
 
Anoten también que a partir de esta semana el BCE (Banco Central Europeo) pondrá en marcha los primeros estímulos monetarios, con una nueva barra de liquidez que se complementará con compras de activos privados a partir de octubre. Se espera que dichos estímulos se acompañen de reformas en París y Roma, de la llamada flexibilidad fiscal y de un plan de inversiones que en su día prometió el nuevo presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker (300.000 millones de euros). Este plan de inversiones se deja en manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI).
 
Resumiendo:
Veremos a algún aprovechado vendiéndonos la bajada del porcentaje de deuda pública y a otros, de llevarse a cabo el cambio de rumbo de la política económica europea, vendernos los resultados de las “políticas locales”. Se aproximan elecciones.
 
Que conste.


martes, 13 de septiembre de 2011

Un enlace.

Aún estando de vacaciones es difícil dejar de seguir las evoluciones de la actualidad, sobre todo y por lo que a mí respeta, económica. Muchos datos, incertidumbres, decisiones y riesgos, entre otras cosas, han salido a la luz estos días. Desde caídas abruptas de las bolsas, quiebra inminente del país heleno (salvo actuación de última hora), hasta discrepancias entre nuestros queridos políticos a la hora de encontrar una solución que ponga un poco de serenidad en este escenario de gran turbulencia.

Pero, como digo, estoy de vacaciones, y derivada de esta situación (y de otros hechos acaecidos recientemente) surge una cierta apatía (pereza, más bien) para dejar por escrito mis impresiones. Así que hoy les dejo un enlace a un artículo que me parece muy interesante.

Los que me siguen habitualmente son conocedores de las críticas vertidas sobre diversas actuaciones llevadas a cabo tanto por el Banco Central Europeo (BCE) como por otros actores con capacidad de decisión, véase políticos. El vínculo enlaza con un artículo del Nobel Paul Krugman. Lo que él expone y lo que yo he dejado por escrito en algunas ocasiones guarda cierta similitud, aunque, por supuesto, con todas las enormes diferencias entre esta autoridad intelectual y este humilde escritor eventual. De todas formas, comparto en su totalidad lo que expone.

Que lo disfruten, no tiene desperdicio: "Un desastre impecable".

martes, 30 de agosto de 2011

Debate.

Durante estos días hemos escuchado y leído diferentes declaraciones relacionadas con la controvertida reforma constitucional, sobre el llamado déficit estructural (olvidémonos del déficit cero para no herir sensibilidades).

“La deuda pública crea una carga para las generaciones futuras”, “la reforma… evita que se trasladen a las generaciones futuras los excesos de las cuentas públicas”, etcétera.

Discutible.

Lo primero es hacer hincapié en por qué se produce el déficit. Los Estados mantienen una capacidad de ingresos básicamente mediante impuestos y, con ellos, deben hacer frente a los gastos presupuestados (sanidad, educación, pensiones, compras de bienes y servicios,…). Cuando estos últimos son superiores a los primeros se produce el llamado déficit, que debe ser financiado. Existen tres vías para ello: Más impuestos, creación de dinero y emisión de deuda pública. La primera vía no gusta, la segunda, la política monetaria, está cedida a la UE (Banco Central) y sólo nos queda la tercera, pidiendo prestado dinero a cambio del pago de intereses. Deuda pública que es suscrita por diferentes tipos de inversores.

Entiendo que el centro del debate se encuentra en la carga financiera que supone la emisión de esta deuda, ya que varía en función de la confianza que obtengamos de los mercados.

Pero, ¿realmente esta deuda supone una carga para generaciones futuras?

Como sabemos todos (lo experimentamos en nuestra propia carne como contribuyentes), el Estado recauda anualmente los impuestos con los que deberá hacer frente al pago de sus obligaciones, y entre éstas se encuentra el pago de los intereses de la deuda pública a quienes poseen los títulos. Intereses que se devengan, también, anualmente, y que son abonados a los diferentes inversores cada año. Así pues, durante la vida de la deuda (bonos, obligaciones,…) se recaudan cada año impuestos para pagar los intereses de ese mismo año. ¿Se traslada la carga a las generaciones futuras, o más bien, se produce una transferencia entre grupos sociales?

Tampoco debemos olvidar que estos intereses son gravados con impuestos, por lo que aquéllos que reciben los ingresos tributan a la arcas del Estado.

En definitiva, traslado de un grupo social a otro, de los que pagan los impuestos a los que poseen los títulos de deuda (coinciden muchas veces), no de una transferencia entre personas de un período a otro. Alguno me dirá que no coinciden, pero recuerden que los que compran la deuda pública son tanto inversores particulares, como fondos de pensiones, fondos de inversión, aseguradoras,…

Quizás el debate deba centrarse en por qué se genera el déficit, ¿tiene alguna virtud?

Cuando un país como el nuestro, que mantiene una importante diferencia en gasto social respecto a la media europea, ¿cómo reducirá esta diferencia con déficit cero? Perdón, estructural.

Venía a decir un comentarista: “se ha enterrado definitivamente a Keynes”. Para los que desconozcan sus propuestas, decirles que podrían resumirse de la siguiente forma: cuando la locomotora no marcha por sí sola hay que echarle carbón (gasto público). Y un político decía hoy que llevamos dos años mandando mensajes a los mercados y éstos no han mandado ninguno satisfactorio; quizás sea hora de cambiar el discurso.

jueves, 25 de agosto de 2011

Llega el invierno.

Déficit cero. La panacea. Gasto lo mismo que ingreso. ¿Y qué ingreso?, o de otra forma, ¿de dónde obtengo mis ingresos? La mayor parte, de los tributos, impuestos, tasas y contribuciones especiales, aunque el grueso se encuentra en los impuestos, véase el Impuesto sobre la Renta (IRPF), el Impuesto de Sociedades (IS), que gravan los beneficios obtenidos por personas y empresas, sin olvidar el IVA que se recauda por el consumo. En épocas de bonanza, como la vivida hasta el 2007, no existía ningún problema. El Estado recaudaba como lluvia caída del cielo.

Y vamos con los gastos. Sanidad, Educación, Pensiones, Infraestructuras,…, todo con mayúsculas y que compone el denominado Estado de Bienestar. En épocas de bonanza se hacía frente a todo ello sin ningún problema.

Pero, ¡Ay!, llegó el invierno. Los ingresos cayeron de manera abrupta. La economía, sin previo aviso (es un decir) echó el freno y, de repente, nos encontramos con un problema. Caída de recaudación vía impuestos. Miles de trabajadores son enviados a su casa, por lo que la recaudación por el IRPF desciende. Las empresas ven caer sus beneficios, por lo que la recaudación por el IS desciende. Al no existir ingresos y, sobre todo, al existir incertidumbre, el consumo y la inversión se resienten. La recaudación por IVA se resiente. ¿Y los gastos? Aumentan. A los ya existentes en sanidad, educación, etcétera, etcétera, tenemos que sumar aquellos que surgen como consecuencia de la activación de las medidas tendentes a paliar la situación: prestaciones por desempleo, pensiones,…, sin olvidar los gastos de los diferentes planes (Plan E) para evitar males mayores.

¿Gastamos sólo lo que ingresamos? Déficit cero. Consecuencia: adelgazar el sistema de bienestar ante la incapacidad de hacer frente a los gastos que genera, o lo que es lo mismo, dar entrada al sector privado, llevar al mercado servicios públicos. Algunos son partidarios de esta manera de actuar, en aras de una mayor eficiencia, competitividad, productividad,… pero, si mal no recuerdo, ¿en qué hospitales fueron intervenidos Su Majestad y la Presidenta de la Comunidad de Madrid? Por poner un ejemplo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Propuesta.

Una propuesta neoliberal pretende ser incluida en la Carta Magna, en la Constitución Española. Desde ayer cuenta con la aprobación de los partidos mayoritarios en España (El P.P. lo había propuesto con anterioridad). El origen de esta decisión se encuentra en el denominado “Pacto de Competitividad” que salió a la luz allá por el mes de febrero de la mano de los gobiernos francés y alemán y del que di cuenta en este blog (Otro pacto). Aunque en un principio este pacto puso en guardia a más de uno, ahora parece ser que su contenido se va incorporando a las legislaciones de cada uno de los países. En este caso se trata de incluir un límite al endeudamiento, una posición ideológica para convencer a los de siempre, a los mercados, de que seremos capaces de ahorrar y realizar sacrificios para que ellos puedan recuperar sus inversiones. Según he podido escuchar de voces autorizadas, se trata de que los mercados, otra vez los mercados, vean que de aquí a 10, 15 años, sus inversiones están aseguradas.

Estoy de acuerdo con aquellos que dicen que esta medida es un ataque al Estado de Bienestar (otro) por el que tanto han luchado algunos. Escuelas, Sanidad, Pensiones, Infraestructuras,… todo ello se verá afectado, y sólo por contentar a los mercados.

Suscribo lo expuesto por el profesor Navarro.

jueves, 28 de julio de 2011

Responsabilidad.

Volviendo a nuestro país, y a sus problemas, dejo un link al diario Cinco días donde se explica con claridad cuál es el problema que ocupa en la actualidad las primeras páginas en los medios de comunicación. La deuda de las Comunidades Autónomas con el Estado. Aquí.

Una reflexión. Puede que Hacienda se haya equivocado “como nunca” en sus previsiones de recaudación, ahora bien, ¿es el Estado el único que no veía la crisis? Se culpa al gobierno central de negarla, pero los gobernantes de las distintas Comunidades Autónomas no hicieron asco a los millones de euros que caían en sus arcas. ¿Ellos sí veían la crisis? ¿Sí? ¿No? Gastar, gastaron, como si nada sucediese. ¿No tienen ninguna responsabilidad?

martes, 19 de julio de 2011

Rojo y negro.

Y no me refiero a la novela de Stendhal. Tras un domingo en rojo (festivo), viene un lunes en negro (bolsas o parquet). Es la tónica de los últimos tiempos. Debacle nuevamente en las bolsas, y sobre todo en el sector bancario. Tras la alegría inicial (para algunos) por unos resultados óptimos en las pruebas de estrés, los mercados han vuelto a imponer su ley. ¿Son o no eficientes? Cuando algo no les gusta lo dejan muy claro. En este caso, dicen algunos, el no haber computado en las pruebas de estrés la deuda pública de los países con alto riesgo de impago que tienen las entidades financieras en su contabilidad. Claro que también se dice que los mercados ya conocían el mecanismo de las pruebas y que por lo tanto ya debería estar descontado en los precios de las acciones.

En fin. Esperemos resultados tras la reunión de los máximos dirigentes europeos. Pocos, para ser realistas. Mientras la economía imponga su ritmo a la política pocas alternativas existen. De momento, y respecto a nuestro país, la llamada prima de riesgo, la diferencia respecto al bono alemán a 10 años que nos exigen en los mercados para captar financiación, en máximos; más del 6% de interés a pagar por las generaciones futuras. ¿Cómo?

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Gato encerrado?

Uno ya no puede fiarse de nadie. Aprovechando que te has dado la vuelta o que estás ausente intentando arreglar tus propios problemas, siempre hay alguien que de forma encubierta intenta aprovecharse de tu situación, sea real o ficticia.

Les hablé unas cuantas veces (alguno ya estará aburrido) de la presión que ejercían los mercados sobre los países mas pequeños de la Unión Europea, los conocidos como PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, Spain), la mayoría de las veces con la connivencia de las Agencias de Calificación que revisaban, a la baja, el rating de su solvencia, obligándoles a emitir deuda pública a corto plazo y a unos tipos de interés estratosféricos ante la dificultad cada vez mayor de emitirla a largo plazo. Les hablé de que eran los propios mercados (Fondos de inversión, de pensiones, etcétera,) los que posteriormente compraban esa deuda para sus carteras buscando altas rentabilidades.

Si lo recuerdan, también les hablé de la situación que vivía uno de nuestros socios europeos, concretamente Alemania, que se beneficiaba de manera directa o indirecta de la situación actual.

Pues bien, como se puede leer hoy en prensa, los bancos alemanes durante el mes de octubre han comprando deuda pública sin precedentes, nada más y nada menos que 90.000 millones de euros, aprovechándose, claro está, de los tipos de interés atractivos que los países se ven obligados a pagar.

No es de extrañar que ciertos políticos pongan tantas reticencias a la hora de negociar políticas comunes que beneficien al conjunto de los países europeos ¿para qué? ¿Quién tiraría piedras contra su tejado?

viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Sonríe Alemania?

En los círculos económicos y financieros (analistas, periodistas, etc.) empieza a correr el rumor de que nuestro socio europeo, Alemania, sonríe en privado ante la tormenta financiera que nos sacude a los países periféricos de la Unión Europea. ¿Motivos?

Alemania lleva años aplicando medidas internas para salir de la crisis, medidas duras, como recortes sociales, despido de funcionarios, …y en la actualidad se encuentra en una situación envidiable (crecimiento del PIB, coste de la financiación en los mercados, …, otro tema son sus ciudadanos).

Los ataques de los mercados contra los países periféricos están obligando a éstos a adoptar medidas que Alemania lleva tiempo aplicando y, una de las consecuencias de este ataque es la depreciación del euro, lo que facilita las exportaciones alemanas. Como alguno ha comentado, ¿Tenemos el enemigo en casa?

Pero el gobierno germano se ha encontrado con un pequeño problema. La Deuda Pública. Es sabido de todos que los gobiernos emiten deuda (bonos, obligaciones, letras,…) con diferentes plazos de vencimiento para poder financiarse y poder atender sus obligaciones de pago. Con la actual presión de los mercados sobre los países más débiles de la UE (Grecia, Irlanda, Portugal, España) se está obligando a éstos a emitir deuda a tipos de interés estratosféricos, tipos que van desde el 5 por ciento hasta el 10 por ciento, y que los inversores, a pesar de todo lo que está cayendo, compran para sus carteras. ¿Quién comprará los bonos alemanes al 2,5 por ciento? A pesar de la excelente calificación con la que cuentan por parte de las Agencias crediticias, en la última emisión de bonos a 10 años el Tesoro alemán no ha podido colocar entre los inversores toda la oferta prevista, 6.000 millones de euros.

Los mercados financieros sólo buscan beneficios, rentabilidad, cuanta mayor, mejor. ¿Se les puede culpar?

viernes, 1 de octubre de 2010

Déficit y Deuda Pública.

Déficit y Deuda pública; crece uno, crece la otra, van juntos de la mano. Aunque parezca obvio, tenemos déficit cuando los gastos son superiores a los ingresos. Para financiarlo, uno de los mecanismos de los que disponen los estados es la deuda pública, obtener recursos de los ahorradores a cambio del pago de intereses.

Pero la deuda es una carga para todo el país, el estado se verá en la obligación de obtener recursos para hacer frente a la devolución del principal más los intereses. Por este motivo, el Tratado de Maastrich establece una serie de prohibiciones que afectan al déficit y a la deuda pública, prohibiciones que se concretaron en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, con límites del 3% y del 60% del PIB, respectivamente.

El objeto de estas líneas no es hacer el trabajo del Gobierno y justificar sus actuaciones, eso corresponde a otros individuos u organizaciones. Lo que pretendo es analizar y explicar los motivos teóricos que subyacen bajo las medidas impopulares adoptadas por nuestros dirigentes.

Con un déficit público (del conjunto de las administraciones) en el 11%, el gobierno no tiene otra que intentar reducirlo, ya sea vía ingresos (aumento de impuestos, IVA, IRPF, etc.) o vía gastos (disminución de salarios, congelación de pensiones, etc.); mientras tanto, habrá que financiar esa brecha entre ingresos y gastos para que la economía de este país continúe en marcha, aunque sea a un ritmo lento.

El riesgo de la deuda, al margen del coste que representa ponerla en el mercado (recuerden el papel de las agencias de calificación), se encuentra en el efecto “expulsión” que produce. Me explico. Emitir deuda pública en momentos como los actuales tiene un alto coste, exige el pago de altos intereses, lo que atrae a la inversión privada en busca de rendimientos superiores a los que ofrece el mercado; en lugar de canalizar el efectivo hacia la economía real estos ahorradores compran la deuda pública, “expulsando” la inversión empresarial. Por otro lado, la emisión de deuda pública eleva los tipos de interés, lo que dificulta a las empresas financiarse en los mercados. Estas empresas también emiten deuda para obtener los recursos que precisan y se verán obligadas a ofrecer tipos de interés más altos que los que ofrece la deuda pública, incrementando de esta forma sus costes financieros.

En definitiva, menos inversión privada, más desempleo, más déficit, más deuda pública, más impuestos, … un círculo vicioso.

Ésta podría ser otra explicación del por qué se adoptan medidas tan duras. ¿Beneficiosas a medio plazo? ¿Justas?

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reformas políticas.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI); según un informe publicado por este organismo "Las economías avanzadas deberán aplicar reformas de política a largo plazo para reducir los niveles de deuda pública en las próximas décadas y garantizar la sostenibilidad fiscal en el futuro".

Durante tiempo he mantenido la postura de que las políticas a desarrollar deben dar sus frutos a largo plazo en lugar de buscar beneficios a corto plazo, como ha sido la nota común durante los últimos años. Problemas como las pensiones y la sanidad, que en el futuro acapararán el protagonismo como consecuencia del envejecimiento de la población, deberían haber supuesto un punto clave en las políticas a desarrollar, sin olvidar el medio ambiente, ni la composición de nuestra estructura económica ¿puede un país sostenerse de forma indefinida en el sector turístico y en el de la construcción, principalmente?; por contra, las políticas que se venían aplicando tenían otro objetivo, captar el voto de los ciudadanos, y así se procedía a desarrollar grandes infraestructuras públicas, bajadas, e incluso eliminación de impuestos, etc. Ahora, y como consecuencia de la situación actual, el nivel de gasto público se ha disparado y nos vemos en la obligación de emitir de forma continua deuda pública para financiarnos. Pero esto tiene un límite y la deuda habrá que devolverla, junto a los intereses.

Habría que plantearse si este país puede permitirse mantener un nivel de infraestructuras como el planificado. Todos queremos contar con las mejores comunicaciones, autopistas, AVE, aeropuertos, etc. Pero ¿Podemos permitírnoslo? ¿Nuestra estructura económica es la idónea?

Afrontar problemas a largo plazo supone esperar demasiado tiempo para recoger los frutos y, al parecer, esto no es viable. Ahora toca mirar al futuro y apretarse el cinturón para pagar los excesos.

domingo, 29 de agosto de 2010

Más de lo mismo

Una de las agencias de calificación (Standard & Poor’s) ha rebajado la calificación de la deuda pública de Irlanda (AA-) y sin embargo, y a pesar de los titulares en los medios de comunicación, ha colocado bonos de deuda a seis y ocho meses con un gran éxito; los mercados han suscrito la totalidad, incluso la demanda de títulos era seis veces superior a la oferta. Paradójico.

Lo que no nos dicen los medios de comunicación, y a pesar de las reticencias existentes sobre el papel que juegan estas agencias, es que una calificación “AA” indica que existe una expectativa de riesgo de crédito muy reducida. La capacidad para devolver el principal y los intereses de manera puntual por parte del Tesoro irlandés es muy fuerte, no es muy vulnerable ante la ocurrencia de acontecimientos previsibles. Otra cosa son los “imprevisibles”.