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martes, 29 de octubre de 2013

Algo extraordinario.

Pues sí, estoy parcialmente de acuerdo con lo manifestado por el Ministro Montoro en una entrevista recientemente publicada: “Hemos hecho una devaluación interna sin inflación, algo extraordinario”. Ha dicho más cosas dignas de comentario pero otras personas ya se han encargado de matizarlas y ampliarlas; sin embargo no he conseguido hasta ahora leer ningún comentario sobre esa frase.
 
¿Qué es lo extraordinario, el haber hecho una devaluación de salarios o que ésta no derive en inflación?
 
Respecto a la primera cuestión decir que poco tiene de extraordinario, respecto a la segunda… tampoco. No obstante debemos reconocer que la inflación es relativamente baja, pero me atrevería a decir que por otros motivos totalmente diferentes a los expuestos por el Sr. Montoro.
 
Una devaluación del tipo de cambio, de nuestra moneda (algo totalmente fuera de nuestro alcance debido a que la política monetaria está en manos del Banco Central Europeo) haría que nuestras compras en el exterior fueran más caras; las empresas importadoras trasladarían esa subida de costes a los precios interiores y la inflación aumentaría. Ello sin contar con la tensión sobre los precios que ejercerían las empresas exportadoras. Con una moneda más débil obtendrían mayores beneficios que repercutirían en los precios (al aumentar el dinero en circulación aumentaría la demanda de bienes y los precios).
 
Pero con una devaluación interna, con bajada de salarios, con una crisis de demanda interna por parte de las familias y empresas, menor consumo privado, menor inversión, menor gasto público y menores importaciones ¿dónde está lo extraordinario de una inflación baja?
 
Yo al menos no lo veo, salvo que el Ministro entienda por inflación un menor poder adquisitivo. En tal caso, entiendo que no sería correcta su afirmación ya que sí se habría producido inflación tras la devaluación interna.
 
 Estaría encantado de que alguien me lo explicase, siempre estoy dispuesto a aprender.

lunes, 28 de octubre de 2013

Precios.


“Cada vez que voy al supermercado encuentro los precios más caros”. Cuántas veces no hemos oído expresiones como esta, sobre todo después de escuchar en los medios de comunicación que la inflación, el IPC (Índice de Precios al Consumo) se ha incrementado durante el año. ¿Es un tópico?

¿Qué mide el denominado IPC?  Mide los cambios en el nivel de precios de una “cesta” de bienes y servicios de consumo adquiridos por los hogares, las familias. En esta cesta se incluyen aproximadamente unos 500 artículos (algo menos, en la actualidad 489) con diferente ponderación, es decir, no todos tienen la misma importancia, el mismo peso, en la cesta. Este porcentaje oscila entre el 1,42% (enseñanza) y el 18,26% (alimentos y bebidas no alcohólicas), pasando por vivienda (12%), transporte (15,16%), ocio y cultura (7,54%), entre otros. Además y al objeto de calcular el índice se utilizan observaciones en 177 municipios, 29.000 establecimientos y 220.000 precios.

¿Son suficientes todos estos datos para obtener una aproximación de cómo se comporta nuestra economía respecto a los precios? ¿Refleja la realidad?

Para comprobarlo fijémonos en el denominado “Deflactor” del PIB, un índice del que los medios de comunicación generalistas  no suelen hablar y que recoge, nada menos, que la variación de precios de TODOS los bienes y servicios finales producidos en nuestra economía durante un año.  Recordemos que el PIB recoge lo que consumen las familias, lo que invierten las empresas, lo que consume e invierte el sector público y el resultado del sector exterior. ¿Existe diferencia con la variación mostrada por el IPC?

En el gráfico siguiente podemos comprobar como han evolucionado los precios durante los últimos 12 años tomando como referencia ambos indicadores.

 



Como podemos observar hasta los años iniciales de la crisis los precios de los bienes y servicios producidos eran superiores a los precios de la cesta de la compra pero a partir del estallido de la crisis se produce la situación inversa, la variación de precios mostrada por el IPC es superior a la variación de precios de los bienes y servicios producidos. Quizás la frase de Montoro “Hemos hecho una devaluación interna (bajada de salarios) sin inflación” merezca algún comentario en próximas entradas.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Follow the leader.

Ayer se enfadó. Tras meses aplicando el manual de procedimiento (en contra de cierta lógica) para evitar que la inflación continuara su escalada, ha llegado la hora de dar media vuelta. Según declaraciones del Presidente del BCE, parece ser que los precios en la zona euro se mantendrán estables. Algo ya comentado en este blog al considerar (como muchos otros) que el incremento de precios era coyuntural.

Pero los que desconfiamos de lo que oímos y tenemos la sana costumbre de enlazar los datos que van saliendo a la luz, creemos que el discurso tiene otra base, otro origen. Si hasta ahora la economía alemana se mostraba como la salvadora de la UE, como la locomotora que tiraba de los datos macroeconómicos agregados, y un control de los precios le permitía continuar manteniendo sus exportaciones en un nivel aceptable (recordemos que durante el primer trimestre del año sorprendió a propios y extraños al crecer un 5,5% su PIB), las previsiones ya no son tan, digamos, optimistas, halagüeñas. Cuando dicen: “un aumento en los riesgos del crecimiento… en las economías europeas”, supongo que querían decir en “la economía alemana”. ¿Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, España,…? ¿Crecían? Según la OCDE el crecimiento estimado del PIB alemán para el cuarto trimestre será del -1,4%. Sí, en negativo.

Y como muestra un botón. Tras el enfado, la clave: “me gustaría mucho escuchar las felicitaciones para una institución que ha proporcionado estabilidad de precios en Alemania más de 13 años…” dijo ayer el Presidente. Siendo sinceros, los papeles se los hicieron perder los periodistas alemanes, aunque su respuesta dejó en evidencia cuáles han sido las intenciones (las políticas) de los máximos responsables de la política monetaria europea. Tampoco podemos poner muchos “peros” cuando se trata de la principal economía europea. Ahora bien, los discursos sobre las medidas más apropiadas que se adoptan para el conjunto de países ya no son tan creíbles. Cuando se habla de Unión Europea deberemos entender… Alemania.

Europa es Alemania, y si ésta se desvía habrá que encauzarla por el bien del resto.

Follow the Leader, dice una canción muy conocida.

martes, 12 de abril de 2011

No quieren ayudarnos.

El viernes teníamos depositadas ciertas esperanzas en que la Reserva Federal estadounidense (FED) nos echase una mano tras la subida de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE). Les comentaba que un incremento de tipos traía consigo un efecto llamada de capitales del resto del mundo en busca de mayores rentabilidades, con la consiguiente revalorización de nuestra moneda única, el euro (se venden divisas, se compran euros). Ello llevaba a su vez a un aumento del precio de las exportaciones y a un descenso del precio de las importaciones (comprar petróleo, por ejemplo). A la vista de la situación, con unas economías europeas en su nivel más bajo, la actuación del BCE resultaba un tanto inadecuada (recuerden que la OCDE no veía con buenos ojos esta decisión), salvo para algunos países y, salvo para cubrirse sus propias espaldas (para que no les culpen de no seguir el cometido que les han impuesto, vigilar la inflación).

Pues bien, según declaraciones de la vicepresidenta de la FED, Janet Yellen, el incremento del precio de las materias primas propiciado por el aumento de la demanda y los problemas de suministro, no tendrá repercusiones en la inflación y el crecimiento de EEUU, por lo que la política monetaria no se tocará, es decir, de momento no se subirán los tipos de interés en EEUU. Nuestro gozo en un pozo, los capitales se quedan. Allá por las "américas" no están tan preocupados por los precios como nosotros, o quizás tengan una visión un tanto diferente de cómo afrontar los problemas de su economía.

Bueno para las importaciones (un euro fuerte permite comprar más barato), malo para las exportaciones (vendemos más caro, con lo que se frena la demanda de los productos europeos). Ya tienen otra justificación los defensores de la competitividad para proponer otro recorte de costes (los más fáciles de aplicar) con la colaboración del Fondo Monetario Internacional (FMI), "España, Francia e Italia precisan adoptar nuevos ajustes..." .

En fin, siempre nos quedará un enigmático “estaremos muy atentos” como esperanza.

jueves, 31 de marzo de 2011

Sin espacio para la sorpresa.

Si ayer abríamos el plazo para efectuar apuestas, hoy sabemos casi con total seguridad que apostar a caballo ganador nos traerá pingües beneficios. Apostar en contra, nos dejará los bolsillos vacíos.

Según una noticia parecida en Reuters hace escasos minutos, la inflación de la zona euro (que incluye a 17 países) ascendió al 2,6 por ciento. Los profesionales que se dedican a esto habían previsto una inflación del 2,3 por ciento, y nosotros, que vemos los toros desde la barrera y a bastante distancia, avisábamos de que los precios aún no habían incorporado el alza del precio del petróleo.

Como les decía ayer, los dirigentes del Banco Central Europeo ya están buscando el manual de actuaciones, la página donde dice que la inflación esperada no debe superar el 2 por ciento, según el mandato que rige sus decisiones. Saben perfectamente en que página se encuentra la medida a adoptar. “Normalización” es la palabra. Malas noticias. Si todavía existía un mínimo de esperanza, con este dato, prácticamente se la ha enterrado. Sumemos las pruebas de estrés a la banca irlandesa (creo recordar que se publican hoy) y estén atentos para ver como vuelve a sacudirse Europa durante los próximos días.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Toca desmontar.

Llevan días discutiendo y no hay forma, que no se ponen de acuerdo. Después de haber cambiado todo el escenario, de nuevo vuelven las dudas. El Productor quiere subir a escena una obra y el Director del teatro quiere otra. Entre tanto, los actores envueltos en la incertidumbre; los tramoyistas miran de reojo, herramientas en mano, a la espera de un gesto para desmontar el escenario y volver a montar el viejo decorado.

Polémica servida. La fecha se aproxima.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), el Sr. Trichet, sigue en sus trece, arre que arre. Las condiciones se mantienen y, por tanto, no hay nada que añadir a su última declaración de intereses (subida de tipos de interés). El miedo a la inflación sigue siendo el eje sobre el que giran las medidas a adoptar.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera que las expectativas de inflación no suponen mayor riesgo. El aumento del precio del barril de petróleo es transitorio y no supondría mayor problema en el crecimiento de la economía mundial, como mucho unas décimas. Sin embargo, una subida de tipos dañaría la inversión y el consumo, lo que traería efectos perniciosos sobre el crecimiento, sobre el PIB.

En resumen, tendremos que esperar hasta abril para poder ver los carteles publicitarios de la obra a representar. Mientras tanto, los principales afectados, los actores y el director de la obra, esperan con los nervios a flor de piel sin saber que escenas tendrán que ensayar. Los tramoyistas descansan, bocadillo en mano, a la espera de una nueva orden.

¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo!

miércoles, 9 de marzo de 2011

Sorpresa, relativa.

Ayer les comentaba que estábamos a la espera de la publicación por parte de FEDEA (La Fundación de Estudios de Economía Aplicada) del documento que habían elaborado y que recogería las propuestas respecto a la reforma de la negociación colectiva en España. La indexación de los salarios a la productividad en lugar de a la inflación esperada se había convertido en uno de los puntos de reciente actualidad (y conflictivo).

Pues bien, el documento contiene nueve propuestas, que iremos desgranando en sucesivos posts; pero hoy nos pararemos en la propuesta número 9 (empezamos por el final, siempre con buenos principios): “cláusulas de revisión”.

Pero antes de continuar, y para aquellos que desconozcan que significa esta cláusula, decirles que se trata de un concepto que se incorpora a la mayoría de los convenios colectivos que se firman con una vigencia superior a un año. El objetivo es mantener el poder adquisitivo de los salarios, evitar que la inflación se coma el aumento de los salarios pactado; es decir, si se ha pactado un 2% de aumento de salario a principios de año y la inflación anual ha sido del 3,5%, se activaría esta cláusula y se procedería a revisar el aumento del salario para que éste no pierda poder adquisitivo. También afecta a las pensiones de jubilación e invalidez. Sin embargo, salvo que alguien me corrija, los funcionarios públicos no tienen esta cláusula.

Aclarado este concepto (o eso pretendía), la propuesta número 9 es: “no incluir en los convenios colectivos cláusulas de revisión automática de los salarios” (adiós al IPC). Pero (siempre hay un pero), en el supuesto de que no fuera posible adoptar esta medida (¿por conflictiva?) se debería utilizar un IPC (Índice de Precios al Consumo) que se corresponda con la “inflación subyacente” ¿Cuál es esta inflación? Aquella que no incorpora en su cálculo, o excluye, los bienes y servicios cuyos precios son más volátiles (por ejemplo, la energía, ciertos productos agropecuarios, …). Indudablemente esta inflación subyacente es menor que la inflación general, por lo que los salarios se incrementarían (en su caso) en menor medida que la inflación general. Por ejemplo, si esta última es del 3% y la subyacente del 1,5%, las cláusulas de revisión tomarían la subyacente (parece injusta desde el punto de vista del consumidor, un incremento de precios y, sin embargo, una pérdida adquisitiva de su salario).

Tenemos otra sorpresa en la propuesta, el “carácter simétrico”; si la inflación subyacente es inferior a la que se preveía en la negociación inicial, se aplicará la publicada, no la pactada.

Y recuerden que las propuestas de esta fundación tienen gran repercusión.

viernes, 4 de marzo de 2011

El lobo.

Ahí está. El terreno se encuentra preparado para cuando llegue la hora.

Alguno ya lo habrá podido leer en prensa. Lo veníamos anunciando: “una subida de los tipos de interés el próximo mes es posible, aunque no es seguro” (Trichet, Presidente del Banco Central Europeo).

Sí, se le ven las orejas al lobo, se teme a la inflación a medio y largo plazo; los indicios se van convirtiendo en realidades a pesar de que no se querían reconocer. A estas alturas ya saben que el objetivo principal del Banco Central es su lucha contra el incremento de precios en la zona euro: mantener esta suba por debajo del 2%.

Todavía falta incorporar el precio del crudo en el próximo IPC, sin olvidar el efecto continuo de la subida de los precios de los alimentos importados. El problema: que estas subidas se trasladen a la economía de la zona euro, lo que se conoce como “efectos de segunda vuelta”; los precios suben, no por la interacción de la oferta y la demanda, sino porque incorporan el aumento de precio de los elementos importados.

El arma para combatir la inflación: subida de tipos de interés. Evitar un recalentamiento de la economía le llaman algunos (en la situación actual suena a chiste). Algunas consecuencias: mayores costes para los fabricantes, mayores costes en las hipotecas (no se olviden de que el Euribor está íntimamente ligado), menores ventas, menor producción, menor empleo, … En unas economías deprimidas, sin mucha confianza en el futuro a corto plazo, poner trabas no parece ser un buen remedio.

Pero como todo es relativo, y los milagros también existen (por llamarle de alguna manera), no todo va a ser negativo: una subida de tipos de interés atrae capitales a la zona euro (máxime cuando en otros lugares los tipos son muy bajos) en busca de mayores rentabilidades. Para invertir en la zona se necesita cambiar divisas por euros, lo que lleva a éste a revalorizarse (ya saben, cuando hay demanda, los precios suben ante la escasez de la oferta); y estas son buenas noticias sobre todo respecto al cambio con el dólar ¿En qué divisa se paga el barril de petróleo? En dólares. Una revalorización del euro respecto al dólar hace que el barril de petróleo nos salga más barato.

Sólo falta que los problemas en los países árabes se tranquilicen un poco (o se deje de especular con el precio del petróleo) y ya podemos volver a correr en autovías y autopistas; aunque no sé para qué tantas prisas, muchos no tienen a donde ir.

martes, 1 de marzo de 2011

Para arriba.

No hace mucho, el Banco Central Europeo (BCE), a través de su presidente el Sr. Trichet, nos decía que no existían motivos suficientes para estar preocupados ante la escalada de inflación en la zona euro; las consecuencias inmediatas fueron el mantenimiento del tipo de interés en el actual 1%.

Ayer se ha publicado de nuevo la inflación de la zona euro: 2,3%, por encima de lo que se esperaba ¿Seguirá el BCE utilizando el mismo discurso? Tendremos que esperar.

Para los que manejen cierta confusión entre el tipo de interés que publica el BCE y el famoso Euribor, ése que nos aplican generalmente en nuestras hipotecas (más el correspondiente diferencial) decirles que el primero es el que utiliza el Banco Central (entre otras medidas) para luchar contra la inflación, para intentar mantenerla por debajo del 2% que es su principal objetivo; marca el tipo de referencia, el tipo al que las entidades financieras realizan diferentes operaciones de financiación con el Banco Central Europeo.

De llevarse a cabo la medida que se espera, es decir, un aumento del tipo de interés, las entidades financieras verán incrementados sus costes de financiación, motivo por el cual, en muy poco tiempo, se verá afectado el Euribor, al alza, claro está, y a continuación, las cuotas de nuestra hipoteca, entre otras (véase créditos al consumo, préstamos a empresas, pólizas de crédito,…). ¿O acaso creen que nuestras queridas entidades financieras asumirán el coste?

Por otro lado, se presenta un difícil dilema para el BCE. Economías que crecen a un ritmo muy lento, consecuencia de las dificultades que atraviesan la mayoría de sus ciudadanos y empresas (las grandes parece que juegan en otra liga), y los precios de los bienes y servicios que se disparan. Y no se olviden de la marcha que mantiene el precio del petróleo, aunque éste es un tema recurrente y ya se habla de especulación (aprovechando el revuelo en los países árabes).

De España, qué decir; el índice adelantado del IPC para el mes de febrero se ha situado en el 3,6%.

viernes, 18 de febrero de 2011

Productividad versus IPC.

Esta semana se ha publicado el Índice de Precios al Consumo (IPC) correspondiente al mes de enero de 2011 con un resultado del 3,3% en tasa interanual (es decir, respecto a los precios de enero de 2010). ¿Creen ustedes que este incremento se debe a los mecanismos de formación de precios, a la interacción de la oferta y la demanda? Pues no; en una situación como la actual, con una demanda interna en mínimos, el incremento de precios no procede de la conducta de los consumidores. La mayor parte de la subida se corresponde con los precios de la energía y los alimentos importados (por desgracia, España sigue teniendo una factura energética muy elevada); otra parte importante viene provocada por el aumento de impuestos y por las subidas por decreto, véase luz.

De seguir las recomendaciones (o imposiciones) de la Canciller Angela Merkel sobre la indexación de los salarios a los índices de productividad el resultado con toda probabilidad sería uno: el trabajador asalariado perdería de forma continua poder adquisitivo. Eso sí, las empresas conseguirían que sus costes laborales no se incrementasen al mismo ritmo que los precios de venta de sus artículos (las empresas solían trasladar a sus precios el IPC anual al comienzo de ejercicio).

Pero podemos estar tranquilos (de momento); tanto agentes sociales como Gobierno no tienen encima de la mesa esta "Cuestión".

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Y eso cómo va?

El lunes comentaba que alguno de los puntos que había propuesto el eje franco-alemán en el futuro e incierto pacto de competitividad eran conflictivos; uno de ellos hacía referencia a que los salarios deberían dejar de estar indexados a la inflación. Se pretende evitar una espiral: incremento de precios (inflación), actualización de los salarios, incremento de los costes, aumento de precios (inflación), actualización de los salarios, …

Pues bien, ya ha saltado el debate en nuestro país (es que uno no gana para sobresaltos); tanto la patronal como el Banco de España están a favor de eliminar la indexación de los salarios al IPC; indudablemente ya han respondido los sindicatos.

La alternativa que se plantea es la “productividad” en lugar del IPC.

El cálculo de la productividad es complejo. En teoría se define como la relación entre la producción obtenida y los recursos empleados para su obtención; así pues, una mejora de la productividad se puede obtener actuando sobre la producción o sobre los recursos empleados. Además entran en juego aspectos importantes como la calidad, la materia prima, la innovación, la mano de obra, las condiciones del trabajo, el capital, … e influye mucho la transparencia informativa. ¿Estarán las empresas dispuestas a presentar información sobre sus costes y procesos de producción? Lo dudo, muchas de ellas mantienen un absoluto secretismo para evitar a la competencia.

Otra cuestión que se plantea es ¿qué productividad servirá de referencia para indexar los salarios? la productividad del sector, la productividad de la empresa, la productividad de una línea de negocio, la productividad del trabajador, ... Dos empresas, pertenecientes al mismo sector, pueden tener diferentes productividades por el mero hecho de que una de ellas puede disponer de acceso a una mejor tecnología que la otra, o puede tener mejor productividad reduciendo costes, afectando a la calidad de sus productos, por ejemplo. ¿Aumentamos los salarios de los trabajadores de la empresa con incremento de productividad y mantenemos o bajamos los de la otra? Al final, tendremos trabajadores de primera y de segunda, y en muchos casos sin ser partícipes de las decisiones que les afectan ¿les consultarán sus patronos antes de llevar a cabo una inversión en una nueva tecnología? Explíquenles a los pequeños empresarios (autónomos) y a sus trabajadores que los salarios estarán condicionados al incremento de la productividad en el año. La primera pregunta que les harán posiblemente sea, ¿y eso cómo va?

jueves, 20 de enero de 2011

Un (no tan) enigmático "por el momento".

Lo había comentado recientemente, el índice armonizado de precios al consumo del área euro, la inflación, empieza a poner nerviosos a algunos dirigentes. El Banco Central Europeo (BCE), a través de su boletín de enero, acaba de dejar un aviso muy revelador: se ven “evidencias” de presiones alcistas a corto plazo sobre la inflación; aunque es cierto que también afirma que “por el momento no han afectado a su valoración de que la evolución de los precios continuará siendo compatible con la estabilidad de precios en el horizonte temporal relevante para la política monetaria”. Sí, ya lo sé, la frasecita se las trae y el común mortal debe sufrir vértigo cuando tiene que intentar sacar alguna conclusión de estas farragosas y técnicas declaraciones.

Pero lo único que intenta decirnos el BCE es que estemos preparados; a fecha de hoy consideran que los precios han alcanzado la cima permitida, un paso más y automáticamente el BCE dará paso a su política de aumento de tipos de interés (política monetaria) para intentar mantener los precios, la inflación, en torno al 2%, porcentaje que marca el límite superior que no debe sobrepasarse en ningún caso (la frontera de la estabilidad).

Ahora bien, me temo que este “por el momento” está a punto de formar parte del pasado y preveo en poco tiempo una subida de tipos de interés. Apuesten por un 0,25%; las cosas no están para medidas más contundentes, quizás, un paracetamol para ver si sólo se trata de un catarro pasajero.

Aunque también debemos preguntarnos cómo afectará un aumento de tipos de interés en una economía deprimida. Una señal que los dirigentes del BCE mandarán al mercado y que no sabemos como será recibida. Una vez más, paciencia, toca esperar.

martes, 4 de enero de 2011

Datos.

La oficina estadística de la Unión Europea (Eurostat) acaba de publicar el dato provisional de la inflación anual correspondiente al 2010 de la zona euro: el 2,2 por ciento. Se trata de un dato provisional pero suele estar muy próximo al dato definitivo (una décima de desviación a lo sumo).

¿Y saben cuál es el objetivo del Banco Central Europeo (BCE)? Mantener la estabilidad de precios, es decir, que la inflación interanual medida por el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) se mantenga en tasas inferiores al 2 por ciento a medio plazo. Esperaremos a la próxima reunión del BCE ¿Se atreverán a subir tipos de interés ante el riesgo de inflación? ¿Verán las orejas al lobo?

Por otro lado, en el día de ayer, la Sociedad de Tasación S.A. nos daba a conocer, a través de un informe, que el precio medio de la vivienda nueva en las capitales de provincia había descendido un 3,2 por ciento en relación al que tenía en diciembre de 2009.

A estas alturas es de todos conocido que lleva tiempo esperándose una abrupta caída del precio de la vivienda como solución a la salida de la burbuja inmobiliaria creada durante estos últimos años. En este descenso están puestas muchas esperanzas para que el sector de la construcción vuelva a crear empleo. Pero la situación, hasta el momento, no refleja esas expectativas; el precio de la vivienda nueva no se reduce a los ritmos esperados. Hay quien habla de una salida de la burbuja en horizontal, leves caídas anuales (con lo que se congelaría el precio de la vivienda) e incrementos de la inflación (leves aumentos de los salarios). De ser cierto, el esperado ajuste tardará más años de los previstos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Inflación.

Leo que el Índice de Precios Armonizado (IPC) en España ha vuelto a crecer, y se sitúa en tasa anual en el 2 por ciento. ¿Eso es bueno o malo? Alguno tendrá la tentación de decirme que es consecuencia del incremento del IVA aplicado en el mes de julio; podría ser así en los datos de ese mes, pero dudo que los precios continúen subiendo durante los meses siguientes debido a esa causa. En un extenso post anterior ("aumento de impuestos"), expliqué cómo repercutía una subida de impuestos en los precios.

Pero, yendo al grano, ¿cómo nos afecta un incremento de la inflación? En teoría, un aumento moderado y constante de los precios anima a las empresas a aumentar su producción, y en consecuencia, a contratar trabajadores. ¿Por qué? Cuando la demanda de productos y servicios es mayor que la oferta, se produce una subida de precios hasta que demandantes y oferentes alcanzan un acuerdo sobre los precios; por su parte, las empresas aumentan su producción para satisfacer esa demanda. Este es uno de los motivos por los que se supone que algo de inflación es bueno para la economía; ¿imaginan que ocurriría si la inflación cayese? Nos encontraríamos en la situación contraria, la oferta de productos sería superior a la demanda y las empresas no necesitarían producir más hasta que sus stocks se vieran reducidos ¿para qué contratar trabajadores?

También es cierto que un aumento constante de la inflación hace saltar las alarmas entre los encargados de mantenerla a raya. Ahí entra en juego el Banco Central Europeo; una subida del tipo de interés es la siguiente medida.

Recomendaría a aquéllos que tengan hipotecas que no pierdan de vista la publicación de los datos relativos a la inflación; les dará muchas pistas hacia dónde caminarán sus cuotas mensuales.

lunes, 16 de agosto de 2010

El Corralito.

Durante los últimos tiempos, y como consecuencia de la crisis, se han escuchado comentarios que hacían mención a la posibilidad de que llegase a España el famoso “Corralito” ¿Pero sabemos realmente que fue El Corralito? Conocer un poco la historia ayuda a no volver a caer en los mismos errores o, al menos, a tener cierta sensación de tranquilidad.

La situación que se vivió en Argentina en 1991 fue fruto de errores tomados por los dirigentes durante los años anteriores.

Tras la dictadura, en 1982, llega al poder Raul Alfonsín y se encuentra con una grave crisis y una elevada inflación. Para combatirla se adopta como medida (entre otras) la creación de una nueva moneda, el “Austral”, que durante un corto periodo parece dar los resultados buscados. Sin embargo, seis años después, en 1988, la inflación se sitúa, nada más y nada menos que en el “343 por ciento” (España mantiene hoy el 1,9 por ciento).

En 1989 llega al poder Carlos Menen; la lucha contra la inflación continúa siendo el objetivo prioritario; ésta se logra contener a través de la Ley de Convertibilidad del Austral: 1 peso = 1 dólar.

Pero esta sobrevaloración de la moneda y la apertura comercial y financiera al exterior atraería a los especuladores (siempre están al acecho). El paro se dispara, la deuda externa se sitúa en torno a los 82.000 millones de dólares y el FMI comienza a presionar para que Argentina atienda sus compromisos con los acreedores internacionales.

En 1999 llega al poder Fernando de la Rúa. La situación continúa agravándose. Como consecuencia, en 2001 comienzan a evadirse capitales de los bancos argentinos; en un solo mes, más de 5.000 millones de dólares.

Y llega el 3 de diciembre de 2001; el Gobierno impone el Decreto 1570/2001 conocido como “El Corralito”; prohibiciones financieras para las entidades bancarias y, sobre todo, lo más impopular, la retirada en efectivo por parte de los ahorradores, como máximo 250 dólares ó pesos por semana. Además se restringieron las transferencias fuera del país. Se buscaba evitar la fuga de capitales y un crack bancario. En parte se consiguió, pero le costo el mandato al presidente De la Rúa, que dejó paso a Adolfo Rodríguez Saá; éste declaró la suspensión de pagos, la mayor de la historia de un país: 144.200 millones de dólares de deuda; el 54% del PIB. Su mandato duró 7 días.

El Corralito estaría oficialmente en vigor durante 90 días; duró 1.356 días.

Y volvamos a España; la deuda externa de los españoles a principios del 2010 era de 1,7 billones de euros, casi el 170 por ciento del PIB. Pero eviten comparaciones, las estadísticas engañan; la mayor parte de esta deuda es privada, de empresas y familias. El Estado español es el que tiene el endeudamiento público más bajo de la eurozona, el 75 por ciento del PIB aproximadamente.

Reino Unido con un 413 por ciento ó Irlanda con un 1.052 por ciento, según el FMI, se llevan la palma en cuanto a deuda externa.

Según los expertos, la situación seguirá siendo llevadera mientras no se incrementen los tipos de interés. También afirman que no existe riesgo de suspensión de pagos, que no se dejará caer a ningún país de la UE. De momento Grecia ha recibido ayuda (tenía una deuda externa similar a la española y alemana). Habría que preguntarles a sus ciudadanos cuáles son sus nuevas condiciones de vida.